domingo, 30 de octubre de 2011

Limpieza





Se levantó temprano como era su costumbre. Quería acabar  la colada de la ropa de invierno que pronto iba a necesitar. El pan ya estaba en el horno. Había llovido durante toda la noche y el viento arrastraba las hojas caídas de los árboles, produciendo un sonido que le recordaba el siseo de las monótonas letanías religiosas. Pondría en marcha la secadora. Salió al jardín a contemplar cómo amanecía el día con la taza de café en la mano. Aún era de noche. Un ruido irreconocible la dejó sin aliento. Vio el brillo de unos ojos que la contemplaban agazapados tras el seto. Solo se percató de que iba muy sucio. Ya no tendría que lavar ropa nunca más.

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