martes, 27 de diciembre de 2011

El horno de "La huerta""



Cuecen el pan a la antigua usanza, con leña. Son hogazas y barras de diferentes tipos: blanco, integral y moreno. Es el único que está abierto a las seis de la mañana y Nicolasa, dueña y encargada del negocio, está presta a preparar bocadillos a los que se van a la montaña y a los que salen a la mar. No así a los jóvenes que regresan de fiesta a comprar la ensaimada del desayuno, antes de volver a sus casas. A este último grupo no lo aprecia nada. Por eso, cuando quieren un bocata se las han de ingeniar para parecer recién levantados, comentando entre ellos las vicisitudes que les esperan en el olivar o en la barca.
Su puerta es el centro de reunión donde se encuentran unos y otros. Allí se saludan con: ¿qué haces, tan pronto te levantas? o ¿a estas horas te acuestas? Y marchan cada cual a sus menesteres.

martes, 20 de diciembre de 2011

Diciembre




Habían caído bolas de naftalina del cielo, Wis se preguntaba cómo era posible que aquel granizo fuera tan perfecto y tan helado. El ruido en el tejado y en los cristales ensordecía cualquier otro sonido aislado. Pero le pareció oír algo extraño en el exterior. Ella desconocía lo que era el miedo. Era valiente y atrevida desde siempre, por eso no le importaba vivir sola y alejada de la aldea. Así que salió a la oscuridad a ver qué pasaba. Una de las ramas del abeto gigante que se hallaba  a la entrada se había quebrado por el azote del viento. ¿Y si ahora una sombra…? -pensó-, pero se rió de su propia ocurrencia. Siempre inventando situaciones al límite de lo humanamente soportable.
Volvió de nuevo al interior de la casa, atizó los leños de la chimenea y continuó escribiendo su relato de terror.

Sin duda alguna, para la que más nos atemoriza de todo el grupo.

Felices fiestas

lunes, 19 de diciembre de 2011

Jolgorio



A su poderosa voz y a su risa se une un constante repiqueteo de fondo de campanillas de todos los abalorios que siempre la acompañan. Pulseras, collares y pendientes de los más vistosos, aunque no necesite adornos. Flores  y destellos de luna, cuando estás a su lado. No le agrada el silencio  ni la soledad, y así la vida se le hace más llevadera: música y color mientras camina por ella.


                                                                                                          Para Mª José

domingo, 18 de diciembre de 2011

La casa de los sueños

                                                                                                                                                         En la bañera / Philip Giordano- Pilipo-

No se sabía a ciencia cierta quién vivía allí, aunque eran muchos sus moradores. Unos días estaba repleta de duendes, princesas y hadas; otros, de oscuros personajes extraídos de enigmáticos cuentos. La mayoría de las veces, eran personas como tú o yo las que buscaban su inspiración en aquel lugar. Una vez recalabas en ella, no la podías abandonar, porque te atrapaba su entramado de historias. Algunas de ellas, por todos conocidas, se transformaban; otras, sencillamente, eran fraguadas allí. La fantasía y la imaginación circulaban libremente por todas sus habitaciones estableciéndose una dinámica corriente inspiradora. Se habían de mantener todas las puertas y  ventanas abiertas, así se apoderaba de ti a su paso. Entonces tu mente ya no dejaba de fabular y los personajes se enzarzaban a dialogar en un torbellino genial. Los amoríos o los celos, la bonhomía o la envidia, la belleza o el misterio se disputaban los temas principales de los relatos. Pero no todo era desasosiego, había momentos de tranquilidad en los que una cálida luz iluminaba las habitaciones, se respiraba paz, una música suave envolvía los sentidos de los creadores y entonces, comenzaban a soñar.

sábado, 17 de diciembre de 2011

El vestuario de Amparo



                                                                                                                  Ligero equipaje / Duy Huynh

Guardaba en el último rincón del cajón de la cómoda sus penas, para que no la persiguiesen por toda la casa; las alegrías estaban cerca y a mano para dejarlas salir  rápidamente y que inundaran las estancias con sus risas y canciones. Los rayos de sol, plegados entre las sábanas blancas, y en el cajón de la ropa interior, sus ganas de sentirse guapa.
Los vestidos y pantalones, colgados de sus perchas y dispuestos siempre a sacarla de un apuro.
Las camisetas, bufandas y jerséis, junto a las bolsitas de olorosas hierbas,  le evocaban la cotidianidad del invierno, su lado amable y cálido.
Los abalorios y trajes de verano la llamaban cada día, queriendo engatusarla con sus luces, brillos y colores para que los sacara de paseo. Desconocían que habrían de permanecer mudos hasta la siguiente temporada.
El cariño, la ternura y el amor, la fantasía e imaginación, bajo su almohada, cerca de su cara, para soñarlos cada madrugada.

Pies quietos!!


 de Puri Sánchez



¡Por fin quietas! Nos quedábamos todas como las  ilustraciones de las estatuas de sal que aparecían en el libro de Historia Sagrada, sin movernos un pelo ni respirar, mirando la pared que teníamos enfrente.
Las que menos suerte tenían eran excluidas a causa de un conato de movimiento descontrolado y regresaban al punto de partida. Nuestra mirada seguía a la jefa del grupo para aseverar o no su decisión eliminatoria. Eran tan solo unos segundos intensísimos en los que apenas teníamos tiempo de pensar quién se vería privada de nuestra futura amistad de patio de recreo de colegio de monjas.

viernes, 16 de diciembre de 2011

"Una auténtica heroína: Sun". Para Asun






Había llevado una vida de película: hija de padres valencianos refugiados de la guerra  civil en Rusia. Allí, dada su habilidad innata para la ingeniería, fue preparada desde muy joven para dedicarse al espionaje. Su especialidad: los sabotajes informáticos, además del virtuosismo con el clarinete. Múltiples maridos y amantes, como toda buena espía que se precie. Su "savoir faire" le había abierto las puertas de los más altos dignatarios políticos y palacios reales. Aunque tras el aura de niña rubia, guapa y etérea, que encandilaba al más poderoso, se escondía una implacable mujer de ideas muy claras.
Tras la caída del muro de Berlín y el final de la guerra fría, dado que ya no necesitaban sus servicios, decidió regresar a la tierra de sus padres, abandonando Londres, ciudad base desde la que había operado durante mucho tiempo. Su nombre “Sun” explicaba el odio que sentía hacia los países fríos, en los que le había tocado vivir y sus ganas de instalarse en un lugar luminoso  y caliente, desde el que pudiera seguir haciendo trabajitos por su cuenta, cuando la ocasión lo requiriese. Su afición a la auténtica porcelana, al té con pastas de las cinco, al bridge, al rosbif  y a los trabajos de patchwork también provenía de su etapa británica. Y la compartía gustosamente en las tertulias a las que invitaba a sus nuevas amigas valencianas: Geli, Eulalia, Lucrecia, y Amparo. A través de ellas y de los diarios, se fue enterando  de los entresijos de la política autonómica valenciana.
Dado que no necesitaba trabajar debido a sus rentas, Sun decidió distraerse con lo que mejor sabía hacer: el entramado informático. Era una hacker de la antigua escuela, de cuando aún no se había inventado dicha palabreja. Ningún secreto estaba a buen recaudo ante su privilegiada mente.
De una manera totalmente inusual fueron saliendo a la luz pública: las facturas de los manidos trajes del presidente Camps y sus abusos de poder, los negocios del expresidente  Fabra y, a día de hoy, los montajes de la empresa Noós y tantos otros… Nadie podía entender que todos aquellos archivos infranqueables aparecieran liberados en correos anónimos en la Dirección General de Seguridad y en las redacciones de los principales periódicos. Los responsables policiales de delitos informáticos y financieros no conseguían rastrear su origen. Sun disfrutaba con sus pequeñas perversidades, la revitalizaban y la hacían sentir importante; además -pensaba- todos ellos se lo merecían.
Pero aquí no acaba la historia, por desgracia, Sun tendría que seguir combatiendo y mucho hasta  eliminar definitivamente la corrupción de la política valenciana y estatal.  
Pero eso lo contaremos en  entregas sucesivas


* N.A.


Tal vez la trama histórica no coincida en tiempo real con la edad que se supone que tiene la protagonista, pero quien haya leído "Dime quién eres" se dará cuenta de esos desfases entre tiempo real e histórico.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Carmen, la cantaora




Se sabe todas las coplas de su Andalucía natal, es de Graná, y pasa las tres horas que dura la limpieza de mi casa cantando, reiterativamente, desde hace años, una y otra vez, los mismos temas. Su repertorio no es muy amplio. Empieza siempre con La  bien pagá. 
Cuando yo llego las paredes exhalan alegrías y penas que se han quedado impregnadas en ellas. Entonces abro las ventanas de par en par.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Sueños de arena




Mi hermana Eva es una soñadora impenitente. Ya de pequeña mis padres  le prohibieron ir al cine porque se creía todo lo que veía. Sabíamos que tenía algo flojo en su cabeza, pero en aquella época no se le dio mayor importancia. De jovencita, seguía soñando. Más de una vez he tenido que ir a buscarla a los lugares más recónditos del planeta porque no quería regresar a casa. La última vez, el percance fue en la India y ya estaba casada con un hindú, cuando llegué yo a recogerla.  
Todos pensamos que había superado esa tendencia ensoñadora cuando tuvo a sus niñas. Creímos que se había vuelto una persona cabal y responsable. De hecho, ya no sentía el impulso de dejarlo todo.
Ahora sus hijas han crecido y hará cosa de un mes me llamó mi sobrina mayor para decirme que no había regresado de su periplo por el desierto del Sahara.
Yo sí la he encontrado, siempre sé seguir su rastro cual un explorador. Conozco sus gustos y motivaciones porque son los míos. Tocamos los tambores, danzamos y aprendemos a entonar la tebraa. No ha hecho falta que me convenciera, me quedo aquí con ella, en el Atlas, junto a la gran duna, tras las huellas de los míticos hombres azules. 




jueves, 1 de diciembre de 2011

Una noche como otra cualquiera


Evaristo vivía solo desde que había fallecido su madre. Era un hombre metódico, amante del silencio y concentrado en su trabajo. Y gris como los trajes que le acompañaban a diario a la oficina de patentes donde ejercía de contable. Jamás se permitía un capricho y nunca se saltaba las normas de su gris existencia.
Aquella noche cuando regresaba a casa, su rutina se vio trastocada al sentirse asediado por tres niños pequeños, que armados de zambombas, panderetas y matracas le deseaban una feliz Nochebuena. No supo cómo reaccionar e intentó huir a grandes zancadas de semejante bullicio diabólico. Pero los críos lo siguieron por el descampado que le separaba de la finca de pisos donde vivía. Era una zona de futura construcción, Corea, la llamaban. La conocía bien y no solía pasar por allí, la evitaba para no ensuciarse de tierra los zapatos.
Evaristo, solo de nuevo, abrió la puerta de su casa,  sacó lustre a su calzado, cepilló su traje gris, y se lavó las manos como otra noche cualquiera; aunque seguía oyendo en su interior el griterío de los pequeños desde lo hondo del pozo.

In memoriam



Mi amiga Francisca era una persona sencilla y bondadosa, además de una excelente maestra, pedagoga y cocinera. Su peculiar mezcla de aborigen isleña -fue la última habitante de la isla de Cabrera- y neoyorkina de adopción, puesto que había vivido muchos años en dicha ciudad,  hacía de ella una adelantada a su época. 
Como gran defensora de la no violencia y pacifista convencida, imprimía a todo su quehacer diario una pátina que nos encandilaba y sorprendía. Su gran afición era la naturaleza y siempre andaba de paseo por las montañas, durmiendo bajo las estrellas las noches de verano. Ella me enseñó, entre tantas otras cosas, a querer  esta tierra y sus paisajes. Me adoptó como hija cuando llegué a esta isla y para mí siempre fue más que una gran amiga, confidente y compañera.
En su casa de Deià se reunían a cenar en Nochebuena, aparte de toda su familia,  algunas de las personas que se encontraran solas en esas fechas y que ella, por supuesto, conociera. Siempre me sorprendía ver cómo individuos tan diferentes y que tan poco tenían en común como una maestra, un pintor, un carpintero, un poeta o un campesino pudieran encajar como las piezas de un puzle, departiendo en un festejo inolvidable alrededor de una buena mesa. Los dulces tradicionales que ella misma preparaba y los platos novedosos con que siempre nos agasajaba constituían un auténtico regalo para nuestros paladares y contribuían a que todos nos sintiéramos en familia, aunque nuestras procedencias fueran tan dispares y lejanas.  Las lenguas que se hablaban y superponían –inglés, mallorquín y castellano–,  así como los temas de charla comunes -libros, cultivo de la tierra o cualquier otra intrascendencia- ofrecían un amplio abanico de posibilidades para que nadie se sintiera marginado y para que siempre, siempre fueran unas veladas muy originales y animadas.
Sin duda con ella murió lo que para mí era la bonhomía y la magia de la navidad: el deseo de compartir con los demás lo mejor de nosotros mismos.



miércoles, 30 de noviembre de 2011

Nuevos tiempos


 
                                                    El corazón de la locura. Salvador Dalí
El psicopatólogo Aquilino descargó su pesada levita y el maletín en el recibidor de su impoluta casa y ya ligero, se calzó las zapatillas que su mujercita le dejaba preparadas junto a la puerta para no dañar el inmaculado parqué y avanzó por el pasillo:
-¡Cariño, cariñito mío! ¡Paloma!
A pesar de llevar casados más de treinta años gustaba de llamarla como en sus años de noviazgo. Creía rejuvenecerla con esos apelativos y seguir viéndola como la adorada virgen que fue. Y eso, a pesar de los cuatro hijos varones que dios les había otorgado.
-¡Amorcito, aquí me tienes, en la cocina!  ¡Pobrecito mío, seguro que llegas muy cansado, no hay más que verte! –le dijo la susodicha con boquita de piñón, mientras le colocaba bien dispuestos los cabellos sobre la calva. Te he preparado un riquísimo pastel y ahora mismito te pongo la infusión de manzanilla. Pero, cuéntame ¿qué tal te ha ido el día?
-No paro, es un sinvivir, todo el día discurriendo contra las aberraciones sexuales que algunos reclaman. ¡Insensatos! No sé dónde vamos a ir a parar. Ahora los jóvenes demandan el derecho al botellón y el reconocimiento de la bisexualidad. ¡Locos!
-¡Santo cielo! –exclamó la mujer persignándose. ¡Dios nos coja confesados!
-Pero te revelaré que hoy he cometido un ligero pecadillo sin importancia. Ni siquiera hará falta que se lo cuente a monseñor. Verás, salía de la reunión de expertos católicos, donde por fin he conseguido una postura unánime sobre la enfermedad de los homosexuales, cuando al ir al garaje me he tropezado con una pareja de  promiscuas, que también iban a buscar su coche. Al verse interpeladas por mí se han puesto muy agresivas. Ya sabes, que si señor métase en sus asuntos y a usted qué le importa etc… Iba decidido a ayudarlas, pero he observado una actitud hostil y nada dialogante en ellas. Así que te ahorraré los detalles, pero digamos que la sociedad debiera agradecérmelo. No me ha quedado más remedio. Dos drogadictas menos que no harán uso indebido de la seguridad social a causa de sus depresiones, sus fobias, ataques de ansiedad y trastornos de conducta.
-¡Ay, amorcito, qué bueno eres, no sé qué haríamos sin ti!...

lunes, 28 de noviembre de 2011

Te declino





Te declino

El Nominativo arrastra tu nombre hasta mí.
Con el Vocativo te llamo.
El  Acusativo te sitúa directamente junto a mi verbo. 
El Genitivo me dice que eres mía.
El Dativo, que te quiero para mí.
Con el Ablativo me colocas circunstancialmente junto a ti.
Ya no sé cómo decirte que te quiero.


                                                                                     

jueves, 24 de noviembre de 2011

Una gran farsa



La tradicional cena de Nochebuena se celebraba, como siempre, en casa de la jefa del clan, mi suegra. No soporto esas falsas celebraciones con parientes políticos a los que no vemos el resto del año y en las que todo el mundo simula con una aparente alegría que nos llevamos maravillosamente bien, cuando en realidad nos despellejamos vivos. Por eso, cuando crucé el umbral y me asaltó como una bofetada el aire consumista del abeto repleto de regalos en el salón, retrocedí sobre mis pasos automáticamente, sin saber muy bien lo que hacía. No podía soportar todo aquello, me asfixiaba tanta hipocresía. Solté las bandejas en las que llevaba una selección de aperitivos carísimos  y salí corriendo como una auténtica enajenada. Aún no he parado de hacerlo. 

martes, 22 de noviembre de 2011

Páginas en blanco


La libreta estaba abandonada sobre una mesa del casino. A su lado, los diarios doblados de cualquier manera. Miró a su alrededor por si acaso su dueño se encontraba cerca. La cogió entre sus manos, era muy cálida y agradable al tacto. La tapa poseía bellos dibujos en forma de arabescos y se cerraba con un imán. Se enamoró de ella inmediatamente. La hojeó, en su interior solo un nombre. El de su propietario -pensó-, junto a un teléfono. El resto de  páginas de color crema estaba en blanco. Parecía que la estuvieran esperando. La guardó en el bolsillo de su chaqueta y salió del local tras haber abonado el café a Remigio, el camarero.
A Lucrecia le gustaba escribir, tenía montones de relatos y cuentos desperdigados en múltiples cuadernos, pero nunca había visto un ejemplar como el que celosamente apretaba junto a su cuerpo.
-Será para algo especial -elucubraba- guardaré en ella rayos de sol, que me suavicen el invierno. Ilusiones, palabras de amor, sueños y deseos, para cuando la vida me venga mal dada. Así, cuando la abra, la magia de su contenido inundará mi existencia. No puede ser de otra manera –se justificaba-. Además, ¿quién puede ser tan necio como para olvidar tan precioso objeto?
Conocía la respuesta y entablaba una discusión consigo misma, mientras seguía caminando por la calle, ajena a todo lo que no fueran sus propios pensamientos.
-Bueno, está bien, sí que sé el nombre de su propietario. Pero, ¿acaso merece más que yo este cuaderno? Seguía sopesando los pros y los contras, pues no lo veía claro. Le telefonearé, le diré que lo he encontrado, que ahora es mío y asunto acabado.
Lucrecia se sentó en un banco del jardín próximo a su vivienda y extrajo el precioso hallazgo como si fuera un tesoro. Acariciaba su cubierta de seda pintada con relieves adamascados que parecían brillantes cristales de calidoscopio, que elaboraran para ella secretas figuras geométricas.
El corazón acelerado de Lucrecia retumbaba en su pecho cuando oyó el timbre del auricular anunciando su llamada. Uno…Dos…Tres…Que no esté, por favor, que no esté…
-¿Diga? –respondió una voz de sirvienta.
-Sí, verá ¿está el Sr. Fernando de Montalbano?
-¿De parte de quién?
-Soy Lucrecia Grandes. Él no me conoce.
-¡Ah! Bueno…Pues verá el pésame a la familia no será en su domicilio, sino en la Iglesia de San Bartolomé, mañana a las siete de la tarde, tras el funeral.
-¿Cómo dice? ¿Ha fallecido el señor Montalbano? ¿Cuándo?
-Sí, señorita. En el día de ayer. Tras una larga enfermedad. Ya le he comunicado la hora de las exequias. Pensé que llamaba por ese motivo.
-Lo siento mucho. Gracias. Muy amable.
Lucrecia colgó el teléfono. Su alegría por el hallazgo se había desvanecido. Ahora no entendía nada. Un cuaderno todavía por estrenar y su propietario ya no existía. El azar lo puso en su camino y su debate había finalizado sin  tan siquiera haberse iniciado. Múltiples preguntas sin respuesta se amontonaban en su mente. ¿Qué hacía el cuaderno en su mesa de costumbre? ¿Quién lo había abandonado en dicho lugar? ¿Quién habría decidido que fuera ella su heredera?
Se sentía mal, intranquila, pensando que nadie se cruza en la vida por azar, al 
tiempo que una gran responsabilidad se iba adueñando de su persona. La de llenarlo con las palabras que ya había imaginado y que su dueño, Fernando de Montalbano, no tendría jamás la dicha de gozar.

domingo, 20 de noviembre de 2011

A mis compañeras


Las mujeres de VE. contaban con una larga trayectoria política a sus espaldas. Estaban hartas y desengañadas como mujeres y ciudadanas. Antes de constituirse en grupo electoral echaron de casa a sus maridos, amantes y novios. No, mejor todavía, se fueron ellas todas juntas, así sus compañeros tuvieron que ocuparse de todo aquello que durante años habían desatendido. 
 Daba gusto verlas en su nueva casa del Pensamiento:
-Lucrecia, maestra, pásame el libro de Habermas, que no recuerdo lo que dice el filósofo sobre… -Esa era Yolanda-.
-Ya estaba todo en Aristóteles –contestaba la susodicha mientras se conectaba en la red con otras insatisfechas.
-El concepto de ciudadanía ya se hallaba en Grecia -seguía replicando Lu. 
-No somos tan antiguas –decía Asun mientras se tomaba el té en una tacita de porcelana de Limoges, procurando que no le goteara sobre los árboles de la pantalla abierta.
-¿La paella de hoy de qué toca? –preguntaba Isabel.
-Creo que hoy nos toca la libertaria –respondía Malén ajustándose el delantal y poniéndose manos a la obra con Dori y Wis como aprendizas. Digan lo que digan los tópicos valencianos, el secreto de una buena paella consiste en sofreír el arroz y en tener un caldo excelente.
-Lo que necesitamos es acción y menos teoría –añadía Eulalia, enfrascada en su nueva cámara. Por cierto, ¿alguien sabe dónde está Lara? -siguió preguntando. 
-Hemos de esperarla para que participe, ahora mismo llegará -respondió Lu.
-No están trasnochadas esas ideas –aclaraba Amparo, a quien impedían redactar extensamente, pero no así leer, discutir y opinar.
Marige y Fina leían todo el día como posesas y en papeles y hojas sueltas iban intercambiando ideas con Amparo, Wis, Dori, Asun, Eulalia y las demás, tomando nota de todo lo que allí se decía. 
Querían que su programa fuera tan breve como los micros que escribían y que solo consistiera en cuatro ideas igualitarias que la historia había abandonado y ellas querían resucitar. 
-Hemos de resumir que ya te estás alargando hoy demasiado, Malén, -la cortaron todas.
"-Risas, muchas risas.
  -Felicidad, mucha felicidad.
  -Ilusión y entusiasmo.
  -Sueños, muchos sueños…"
Porque una población que no posea la fortuna de soñar, reír e ilusionarse -pensaban- se torna infeliz, sombría y desdichada.

sábado, 19 de noviembre de 2011

“Sin contemplaciones”


Llovía tanto y tanto que me pilló totalmente desprevenida. Una gota fría como lo llaman ahora. La cuestión es que el perro tuvo que abandonar su espacio vital -el patio- y cobijarse en una cesta en el interior de la cocina. ¡Menos mal que mi chucho es pequeño!
Pasó mi vecina de urbanización, la Pili, a tomarse un café conmigo porque debía de estar aburrida, dejándome tras de sí el suelo inundado y me dijo:
-Esto no es plan, Mari,  el Tito, no puede quedarse aquí dentro, no es nada, pero nada profiláctico.
 A mí, personalmente, la higiene me la trae al pairo. No quise replicarle y la dejé parlotear sobre las cien mil enfermedades que podría acarrearme. La Pili se hace la fina conmigo y me estaba poniendo mala malísima de escucharla, tanto taladrarme, así que la despaché sin miramientos.
Mi Tito es mucho Tito, es el perro más borde que conozco, y no está bien que yo lo diga, pero procede de una familia desestructurada y lo encontraron los funcionarios de la perrera solo y vagando por las calles. De ahí su extraña afición a irse de pendoneo y escaparse a la mínima que te descuidas.
La cosa es que con tanta lluvia, aunque la casa se me caía encima, yo estaba que me subía por las paredes, y para más inri, la novela esa del Cela que me había encontrado, me estaba poniendo de los nervios y el Tito que no paraba de lloriquear, así que se me fue la pinza, le abrí la puerta de la calle, y a pesar de que caían chuzos de punta, le ordené: ¡aire, a ventilarse tocan!
Nunca más regresaron  a mi casa a darme la murga, ni el Tito ni la Pili.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Insomnio


Regresó a su infancia, a su pueblo de casas grandes, donde las ventanas eran ojos y parecía que tras los balcones te espiaran. Nunca pudo conocer todos los secretos que allí se guardaban.
Despertó entre unos cálidos brazos que le resultaban muy familiares. Su padre la sostenía como cuando era una niña.
-“No pasa nada, mi amor, solo ha sido una pesadilla” -le decía al tiempo que la acunaba.
De nuevo se encontraba en la cama y en la habitación de su niñez. Su padre, que  hacía tantos años ya que había fallecido, estaba junto a ella, calmándola. Se sentía ingrávida y cristalina.
-Seguro que es esto la muerte -pensó-. ¿Seré yo un fantasma?
Los visillos se movían y sin rozar apenas el suelo, se asomó a la ventana…

Imposible


Cuando el alto ejecutivo se encontró con su contrato rescindido sin preaviso, no solo se quedó sin trabajo, sin casa y sin su deportivo favorito, sino también sin alma. Había hipotecado su vida y ahora no tenía otra de repuesto.
Se trasladó a una cueva en la montaña, símbolo de su vacío interior, con la consigna vital de intentar sobrevivir al margen de la sociedad.

Únicamente duró una semana.

martes, 15 de noviembre de 2011

A mis compañeras de V.E.




Las mujeres de VE. contaban con una larga trayectoria política a sus espaldas. Estaban hartas y desengañadas como mujeres y ciudadanas. Antes de constituirse en grupo electoral echaron de casa a sus maridos, amantes y novios. No, mejor todavía, se fueron ellas todas juntas, así sus compañeros tuvieron que ocuparse de todo aquello que durante años habían desatendido. 
 Daba gusto verlas en su nueva casa del Pensamiento:
-Lucrecia, maestra, pásame el libro de Habermas, que no recuerdo lo que dice el filósofo sobre… -Esa era Yolanda-.
-Ya estaba todo en Aristóteles –contestaba la susodicha mientras se conectaba en la red con otras insatisfechas.
-El concepto de ciudadanía ya se hallaba en Grecia -seguía replicando Lu. 
-No somos tan antiguas –decía Asun mientras se tomaba el té en una tacita de porcelana de Limoges, procurando que no le goteara sobre los árboles de la pantalla abierta.
-¿La paella de hoy de qué toca? –preguntaba Fergal.
-Creo que hoy nos toca la libertaria –respondía Malén ajustándose el delantal y poniéndose manos a la obra con Dori y Wis como aprendizas. Digan lo que digan los tópicos valencianos, el secreto de una buena paella consiste en sofreír el arroz y en tener un caldo excelente.
-Lo que necesitamos es acción y menos teoría –añadía Eulalia, enfrascada en su nueva cámara. Por cierto, ¿alguien sabe dónde está Lara? -siguió preguntando. 
-Hemos de esperarla para que participe, ahora mismo llegará -respondió Lu.
-No están trasnochadas esas ideas –aclaraba Amparo, a quien impedían redactar extensamente, pero no así leer, discutir y opinar.
Marige y Fina leían todo el día como posesas y en papeles y hojas sueltas iban intercambiando ideas con Amparo, Wis, Dori, Asun, Eulalia y las demás, tomando nota de todo lo que allí se decía. 
Querían que su programa fuera tan breve como los micros que escribían y que solo consistiera en cuatro ideas igualitarias que la historia había abandonado y ellas querían resucitar. 
-Hemos de resumir que ya te estás alargando hoy demasiado, Malén, -la cortaron todas.
"-Risas, muchas risas.
  -Felicidad, mucha felicidad.
  -Ilusión y entusiasmo.
  -Sueños, muchos sueños…"
Porque una población que no posea la fortuna de soñar, reír e ilusionarse -pensaban- se torna infeliz, sombría y desdichada.


Confianza


Aquellos atardeceres rojos eran un embrujo para sus sentidos, la hechizaban, la hacían sentirse parte de aquel impresionante paisaje que la rodeaba y dejaba sin habla, como una mota de arena de aquel infinito desierto. Ninguna de sus tareas como cooperante de Naciones Unidas, experta en extremo Oriente, la hacían sentirse mejor que la contemplación de la retirada del sol cada atardecer, cuando una difuminada luz de colores indescriptibles iba dando paso a la limpia oscuridad de aquellos cielos estrellados. Era su momento mágico de comunión con la naturaleza, en el que percibía que a pesar de la inmediatez de la vida y de todos sus pesares, algo muy grande  la embargaba. Era entonces, y solo entonces, cuando pensaba que no todo estaba perdido en el mundo actual y que entre los millones de personas de buen corazón se podía contribuir a mejorar las condiciones de vida de los países necesitados.  Era una exigencia natural y la fuerza de la naturaleza se lo merecía. Su confianza en la humanidad  la susurraba a los cuatro vientos.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Una gran familia



-Este gordo ocupa mucho lugar  -exclamó quien parecía que llevaba la voz cantante.
-Además,  todos estábamos  cómodos -dijo otro bien menudo.
-¡Yo casi no puedo respirar! –añadió uno diferente.
-¡Basta! Tendremos que apretarnos -expresó el mediador- pero, voy a conocer a nuestro nuevo compañero. Hemos de presentarnos, no hay que olvidarse de la cortesía. Al fin y al cabo vivimos todos juntos.
-¡Buenos días, amigo! ¿De dónde procedes? ¿Cuál es tu nombre?
-¡Buenos días! -respondió el recién llegado, con una voz grave y profunda-. Pues verás de la Feria. Soy ruso. Mi nombre es “Guerra y paz”.

Sueños de colores




Guatemala es un país lleno de color, el verde  se impone sobre los huipiles de flores de los trajes de las mujeres mayas y sobre el intenso azul del cielo. Sueño con los atardeceres rojos reflejándose en  el lago Atitlán,  las montañas de milpa, los volcanes y la selva de Tikal.  El ajetreo de sus mercados con olor a  resina, las máscaras de animales fantásticos, los santitos de cartón piedra de sus iglesias, y sobre todo, sueño con sus gentes. Gentes que te lo dan todo, cuando no tienen nada.
Sueño en  volar a bordo de ese avión con un cargamento de ilusión y esperanza en un mundo mejor para los habitantes del país más hermoso que conozco.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Los olores de las cosas





En las enciclopedias de cuando éramos niños se guardaban los aromas a lápiz y a goma de borrar, a la tinta china que siempre lo manchaba todo; al plástico de la cartera y del estuche de  lápices y a los cuadernos que viajaban en ella; al bocadillo,  que nos preparaban en casa para el recreo. Entre sus páginas de bordes rizados como los rulos que ponían a las señoras en la peluquería vivían las ilustraciones de las células y del cuerpo humano. Los gatos y rumiantes que pastaban tranquilamente, a sus anchas. Todo un mundo de recuerdos encerrados entre sus páginas.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Penas históricas



Mi padre estuvo preso tras la guerra civil en la cárcel de Alicante, era un republicano convencido y joven, muy joven. Contaba anécdotas que vivió junto a  sus compañeros de celda. Nos hablaba también de Miguel Hernández,  prisionero en las mismas fechas. De lo fina  y endeble que era la amistad que allí se fraguaba, dado que unos iban desapareciendo  para ser fusilados y aparecían otros.
Cada vez que tomaba la palabra, nosotros, los pequeños, enmudecíamos. Ya sabíamos que su voz se iba a quebrar entre sus recuerdos, conforme avanzaba el relato, para ser sustituida por un llanto desconsolado e interminable. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Desarmado




Y nada más existió hasta el próximo tren. Quería alejarse inmediatamente de aquella maldita ciudad y del  sueño irrealizable que tú habías representado. Tenía que aceptar cómo le habías enredado en toda aquella maraña de mentiras. Y él te había creído. Salió al andén y paseaba arriba y abajo sin alzar la cabeza del suelo. En la cartera, bien sujeta en su mano, guardaba las pruebas que te comprometían. Iba a desenmascararte, no lo dudabas. Pero no lo vio llegar, ni a ti tampoco. El pequeño empujón lo pilló desprevenido. Seguiste caminando rápido, como si nada.

domingo, 30 de octubre de 2011

Limpieza





Se levantó temprano como era su costumbre. Quería acabar  la colada de la ropa de invierno que pronto iba a necesitar. El pan ya estaba en el horno. Había llovido durante toda la noche y el viento arrastraba las hojas caídas de los árboles, produciendo un sonido que le recordaba el siseo de las monótonas letanías religiosas. Pondría en marcha la secadora. Salió al jardín a contemplar cómo amanecía el día con la taza de café en la mano. Aún era de noche. Un ruido irreconocible la dejó sin aliento. Vio el brillo de unos ojos que la contemplaban agazapados tras el seto. Solo se percató de que iba muy sucio. Ya no tendría que lavar ropa nunca más.

Frida Kalho




¿Por qué me mira así? ¿Por qué a mí? Sus ojos oscuros y penetrantes, enmarcados por cejas espesas e increíbles me están atrapando en su casa, en Coyoacán y me paralizan. Nadie lo percibe pero me he ido enredando en la telaraña de sus encantos. Bien sujetos los hilos por sus animales y bien atados con sus abalorios indígenas: collares, pendientes, chales y ropajes. Sinfonía colorista que me deja hechizado. Magia imposible de conjurar. Imágenes que cobran vida. Vida que yo  quiero rescatar. Me da la mano y vuelo con ella al lejano país donde la  muerte no existirá jamás.

"Cómo se pasa la vida..."






“Cómo se pasa la vida…”
Mientras el coche la lanzaba por los aires, las imágenes de toda una vida pasaron por su cabeza en unos breves segundos. Le dio tiempo a creer que igual ya no la contaría más. Notó una angustia atrapada en su interior y vio a sus padres cuando ella era una niña. Creyó que se reuniría pronto con ellos. Pensó que no llegaría a la hora acordada para ir a la playa y sus amigas se quedarían esperándola. A ella no le gustaba retrasarse. “Me mato, me mato, de esta no salgo”.
Después el aterrizaje, el golpe, el dolor con la cara pegada al asfalto, sin tiempo para reaccionar, ni parar de alguna manera el impacto. La moto quedó tirada, retorcida, pero ella en aquel momento se encontraba entera. Pensaba, estaba consciente, sentía su cuerpo dolorido y no había visto el túnel. Aún no era el momento. Por fortuna ningún otro coche le pasó por encima. Pronto vinieron a socorrerla los ocupantes del vehículo que tan ágilmente había sobrevolado y la llevaron a la Cruz roja.
La recuperación del brazo roto y la cara fue lenta, muy lenta. Los días se hacían eternos,  apenas podía moverse, ni salir de casa. Tenía la cara desfigurada.
Tras aquel accidente, se sucedieron los años veloces como un soplido. Recordaba aquellos momentos en los que el tiempo se queda congelado, prisionero de recuerdos, momentos felices que pasan vertiginosos, y los horribles, que su mente había desechado para no se instalaran en ella.
Desde la distancia, le parecía que la vida había pasado muy rápida, tanto que, apenas había tenido tiempo de aprehenderla y ya huía, resuelta, de ella. 

lunes, 24 de octubre de 2011

Amor sobre ruedas



Hubo unos años en que hacer autoestop era considerado poco menos que una actividad peligrosa. Los hombres que te recogían al volante de su coche, siempre pensaban que buscabas otra cosa, además de desplazarte. Lo practicábamos porque éramos jóvenes, rebeldes y nos salía muy barato. A lo sumo nos costaba un café. Pero eso sí, nunca viajábamos solas, como mínimo en parejas.
“La flaca”, contraviniendo todos los principios de manual no escritos, subió ella sola y en un gran camión. Eso estaba súper prohibido. Y además se enamoró. Larga distancia y gran amor.
Desde entonces viaja en su tráiler.

Paseo por Roma

No, imposible, nunca he viajado a Roma, no lo puedo escribir… Aunque ya lo he hecho de la mano de Fellini, Rosellini, Mastroianni, Giulietta Massina, Anna Magnani y tantos otros. Ellos me acompañaron por sus calles y plazas.  
Las películas de romanos de mi infancia nos hacían viajar a un mundo fantástico de emperadores y esclavos, de héroes y legiones, gladiadores,  cristianos y fieras.
He paseado por sus villas y calzadas, he admirado sus obras de arte y edificios públicos, me han aterrorizado sus dioses y llegué a aborrecer las declinaciones, el rosa-rosae o el Roma-Romae, aprendidas de memoria. He sudado con las traducciones de César, Tito Livio o Cicerón, que además siempre andaban de guerras. ¡Qué me importaría a mí!
El latín, un hueso.
Las palabras, sin embargo, un juego:

Omar, ramo, mora, amor, Roma.

La esencia de las cosas



Me dobla, me estruja, y me mete en una bolsa de plástico despidiéndose de mí hasta el invierno siguiente. Pero, ¿qué hace ahora? ¡Esto es nuevo! Me ha       quitado el aire, no hay espacio y me ha dejado reducido al tamaño de un raquítico sándwich. No puedo respirar, ni tampoco decir palabra. Montse, mi amor, que quiero acariciarte por las noches en tu cama. ¿Por qué me haces esto?
Le dice a su hija que es un gran invento, que así habrá más espacio para todo en los armarios, incluso que lo va usar para hacer la maleta y viajar con Ryan air sin problemas. Y continúa ese ruido atronador, esa máquina infernal que es el aspirador.
Me ahogo, mi relleno de plumas ha quedado reducido a un guiñapo. No puedo más… ¡Socorro, ayuda! ¡Sáquenme de esta prisión! ¡Llamen a la ambulancia!

Esclavas de piedra



Nadie conocía su secreto. Al anochecer, cuando cerraban el palacio, abandonaban su posición, a menudo un poco hierática y hacían pequeños estiramientos, despacio primero y siguiendo un orden cósmico: cabeza, brazos, manos, piernas y espalda. Se desataban los lazos que sujetaban sus largas melenas y se desprendían de los pliegues de sus ropajes, para lanzarse todas juntas a unas correrías sin freno por los jardines circundantes. Danzaban, reían y se abrazaban al son de una música maravillosa que procedía del mar. Soñaban que eran humanas. Entre risas comentaban los sucesos del día, qué visitante se había atrevido a tocarlas y cuántas fotos les habían tomado. No, no eran ninfas, tal vez no recordaran su origen, pero Selene no se atrevía a reflejarlas.

El convidado

Me enamoré perdidamente de todas en cuanto las vi. No me lo pensé dos veces, quería pasar el resto de mis días junto a ellas y respirar su mismo aire. Me desvestí, me coloqué una túnica que encontré tirada,  cogí mi iPad 2 en mi mano derecha,  en lugar bien visible, cercano al corazón y me situé el último en la fila, anhelando convertirme en  inmortal.

martes, 18 de octubre de 2011

RIP




Siempre había sido una persona muy respetuosa con los demás, educada y cumplidora de la ley.
Cuando murió, sus restos se enterraron aparte para no molestar ni contaminar a los que allí ya descansaban.

lunes, 17 de octubre de 2011

¡Que seas feliz!


Un abrazo efusivo nos ha separado. Has decidido quedarte a vivir en Ibiza. Tal vez haya sido una decisión algo forzada, pero irrevocable por tu parte.
Recuerdo los años que pasamos juntos, tú siempre tan cerca de mí, en una convivencia perfecta. Jamás, ni en un solo momento, me causaste daño alguno.
Fuiste mi compañero de viaje por diferentes continentes. A mi lado también, en los momentos difíciles, arrullándome con tu suave tintineo.
Hemos vivido múltiples experiencias y, sobre todo, una vida de adultos juntos, inseparables de día y de noche, compartiendo sueños, miedos e inquietudes.
Procedías de anteriores vidas, antiguas historias áureas de herencia materna, fundidas y hechas filigrana por las manos de un artesano orfebre.
Te echaré de menos, ya lo estoy haciendo, y dónde quiera que estés te deseo una feliz vida, compañero. 

Dedicado a mi pendiente.

De nuevo, un gran amor.


Pensabas que eras demasiado mayor para volver a ilusionarte como un colegial y, sin embargo, aquí estás, deseando que regrese pronto, y te salude, y se interese por cómo has pasado el día, y te haga mil preguntas sin esperar respuestas, pues ella te irá contando, como un torbellino, todo lo que éste le ha deparado. Y tú la mirarás embobado, sonriente y orgulloso, sintiéndote cómplice una vez más de los secretos y confidencias de las que, sin meditarlo demasido, te hace portador. Nunca hubieras imaginado que, a pesar de la diferencia de edad, podrías congeniar tanto con otra persona, que te haría reír y  soñar, ni que la vida pudiera volver a cobrar sentido cuando ya la espalda inicia una leve curva sobre sí misma, independientemente de tu voluntad, y tus cabellos comienzan a clarear.
 La mirarás orgulloso, como los más ancianos contemplan aquel árbol que sembraron hace ya mucho y que se levanta imbatible abriendo sus ramas hacia el cielo. Y ella te dirá ¡Abuelo! Y te estampará un sonoro beso, que te hará el hombre más feliz del universo.

                                                                                                                                    Malén

El bobo



A mi mujer no le gusta que le fastidie sus estrategias, así que opté por callar y seguir haciéndome el muerto.
En la caja se estaba cómodo, pero no podía mover ni un solo músculo. Me picaba la sien y el bigotillo. Empecé a sudar. Decidí pensar en otra cosa para no obsesionarme. Oía muy cerca el fingido llanto de mi esposa. El aroma de las flores me estaba produciendo un sibilino cosquilleo en la nariz.
Cobraremos el seguro de vida y la pensión de viudedad - me había dicho-. Y con eso podremos ir tirando.
Un gran estornudo acabó con la farsa.
Mi mujer terminó el día entre rejas. No me lo perdonará nunca. ¡Ahora sí quiero morirme!