miércoles, 23 de octubre de 2019

Gran juguete



Era demasiado grande como juguete erótico y su diseño, muy similar a las antiguas lavadoras de carga frontal. No estaba convencida, aunque me aseguraban que me sería fiel toda la vida y que cada una de las células de mi cuerpo me lo agradecería. Me dejé de pamplinas y acepté la prueba sin compromiso. Nada más acomodarme en su interior, mi cuerpo estalló en mil fuegos artificiales. La música la pusieron los vendedores, cuando sin poder articular palabra, me decidí por ella.

Diferencias sinestésicas




La casa huele a tristeza mientras un colorido rabioso estalla en mi interior y me incita a bailar. La música se impone en dulces notas mientras busco tus ojos. No son cálidos. Tú no me acompañas, apenas te siento. No crees en una vida de colores apasionados. Lo tuyo es perseverar en el frío aroma metálico de la separación y la distancia.

En fila negra




El desfile de las novias fantasmales acaba de comenzar. Sus ilusiones murieron antes de que se hicieran realidad.
Los cuerpos desaparecieron, pero no así sus deseos de venganza. Sin duda será el mejor día de sus vidas.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Más que amigas



Te quiero hacer un regalo,
Que sea verdaderamente
importante,
y creo que  solo puede ser uno.
Celebremos la vida,
nuestro compromiso con el mundo
y regalémonos:
Tiempo para estar con los nuestros.
Tiempo para recordar personas y situaciones queridas.
Tiempo para pensar en la vida.
Tiempo para nosotras mismas.
Tiempo para soñar y contemplar el cielo.
Tiempo para disfrutar de lo que tenemos.
Tiempo para reír.
Tiempo para estar aquí.
Porque
Te quiero.

Magdalena Carrillo

(Texto inspirado en
"Te deseo tiempo", poema de Elli Michler)

martes, 20 de agosto de 2019

UN VIAJE DE LIBRO


Lisandro Rota

Me he levantado, ágil y atlética. Con cuarenta años menos. En tres zancadas olímpicas voy hasta tu casa, te despierto, te tomo de la mano y te explico el plan.
Iremos juntas.
No hay pero que valga.
Nos encantan y embelesan todas las historias.
Es un viaje que ya hemos hecho muchas veces a través de las letras.
Tú quieres marchar en el cohete de Verne y yo en la escoba de la bruja Curuja. Nos ponemos de acuerdo y, como el viaje será cronológico, lo haremos en las botas de siete leguas de Pulgarcito para sumergirnos de lleno en la fantasía infantil, poblada de animales parlanchines, enanos y princesas. Y pelearemos contra gigantes, brujas y dragones. El saldo será a nuestro favor y tras un breve recorrido por los relatos de adolescencia y juventud, llegaremos a nuestras novelas, las de hoy y siempre.
Nos dispersamos un rato para decidir por dónde seguir y de inmediato te vas con Anne Perry, que tanto te gusta, tras las huellas de Agatha Christie y Patricia Higsmith, mientras yo aprovecho para visitar a las hermanas Brontë​​ y tomar el té en su casa. Y, de paso, acercarme a conocer la famosa isla de La sociedad literaria. ¡Curiosa que es una! Hacemos un recorrido por el Norte de Europa, –incluyendo Islandia–  porque desde que nos dejó huérfanas Henning Mankell, nuestro panorama en esa zona resulta ser siempre muy negro. Marianne Fredikson nos sigue entusiasmando para compensar dicha negritud. Ya en el continente, Alemania y Francia están presentes siempre. Tú como eres francófila, te entretienes con Sagan, Duras, Yourcenar y Amélie Nothomb. Sí, ya sé que hay muchas más: Fred Vargas, Lemaitre, Muriel Barbery…
Damos un gran salto por la Rusia de la literatura decimonónica y llegamos al continente asiático. Al Japón de Tokio Blues, a la China de Amy Tan, pero sobre todo a la India: Arundati Roy, Jhumpa Lahiri, Chitra Banerjee Divakaruni, Anita Nair y sus vagones llenos de mujeres.... Cruzaremos el Pacífico para saludar a las plumas de Norteamérica. Tantas, tantas... Imposible mencionarlas todas: Lucía Berlín, Alice Munro, Margaret Atwood, Alice Sebold… 
Tras ellas, Latinoamérica nos abrirá los brazos de Norte a Sur con sus mágicas historias, la cruzaremos desde México hasta Chile y Argentina, pasando por Cuba. Conoceremos a Ángela Mastreta, Laura Esquivel, Claudia Piñeiro, a Isabel Allende y tantas más, herederas / sucesoras del famoso boom... Y nos quedaremos allí mucho, mucho tiempo porque estamos entre amigas y nos sentimos como en casa. Llegaremos al gran continente africano cuyas voces se hallan repartidas por diferentes lugares del globo. Especial hincapié haremos en Sudáfrica con Nadine Gordimer y J. M. Coetzee. Pasaremos por la tierra natal de Chimamanda Ngozi Adichie, que ya hemos recorrido en sus novelas, Nigeria.
Saldremos al aire del Mediterráneo árabe de Amin Maalouf, Naguib Mahfuz, Ahdaf Soueif y Yasmina Khadra. Lo cruzaremos para recorrerlo como Ulises, aunque sin tener a una Penélope aguardando. Así somos nosotras, y sí, visitaremos Grecia. Atenas y sus atascos en el coche de Jaritos.  Sicilia, de la mano de Montalbano. Iremos a Nápoles, que ya lo habíamos visitado en la tetralogía de la enigmática autora de Las dos amigas, Elena Ferrante. Y tras ello, con la brisa marina a nuestro lado, regresaremos a casa sin olvidarnos del Portugal atlántico de Pessoa y Saramago. Y una vez aquí, disfrutaremos de la lectura en cualquier punto del mapa. Nos acompañará un montón de autoras, hemos de decirlo, con las que nos sentimos muy a gusto ambas porque son luchadoras y valientes y han alzado su voz contra las injusticias de una sociedad de hombres: Martín Gaite, Laforet, Gloria Fuertes, Dulce Chacón, Matute, Rosa Montero, Almudena Grandes, Care Santos, Elvira Lindo, Marian Izaguirre, Elia Barceló y muchas otras más, con las que tanto compartimos. Es por ellas y por nosotras, las lectoras de aquí y las de lejanos continentes, por todas esas personas que con sus libros hacen que vivir merezca la pena.
                      
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A mi amiga María José Baña, y a mis demás amigas lectoras. ¡Cómo me gustaría llevarlo a cabo!

lunes, 12 de agosto de 2019

Recordatorio





Unos tubos la conectaban a las máquinas que vigilaban todas sus constantes vitales. Los datos se reflejaban en sendas pantallas. El vendaje, al modo de los jemeres rojos, no te dejaba mirar hacia otro lado que no fuera su cabeza. Era un imán. Entraron sus hijos a visitarla cuando su mente se paseaba por el interior de la nevera de su casa. Qué había y qué no había.
Fue el momento más apropiado:
-Esta noche para cenar os hacéis las gambas frescas con pasta!! -les ordenó.
Así nada caducaría ni se tiraría mientras ella permaneciera en el hospital y podría descansar sin preocupaciones.
Su familia, con una media sonrisa tranquilizadora, pensó que ya se encontraba mucho mejor.

domingo, 4 de agosto de 2019

Trampantojo


Eres la dueña de todas las palabras. 
Pero ellas no te obedecen, se desordenan
y se colocan a su antojo
en la estantería del área de Broca. 
Y si, por ejemplo, quieres decir:
"Este aire caliente está agostando mis plantas"
Dices:
"La suave brisa acaricia con nubes de algodón mi cara".

Entonces comprendemos que, verdaderamente, amiga, te  has convertido en poeta.


Para María José,
con todo mi cariño.

lunes, 8 de julio de 2019

Esto es París?

Vamos cantando alegres por la calle. Ella recuerda todas las canciones que yo le entonaba cuando era muy pequeña. Ahora ya sabe las palabras que acompañan a la música.
También las rimas y retahílas infantiles. A grito "pelao" ambas. Se zampa los mocos y todo lo que pilla por el suelo porque ha hecho suya la campaña desperdicio cero. Le gusta ir sola por la acera de la calle con su patinete de tres ruedecitas, a veces de la manita. Es muy independiente.  Va al váter ella solita desde que le quitaron el paquete. Aún no tiene tres años y se limpia los dientes y se quita y se pone ropa y zapatos a su antojo. Le gusta jugar al escondite aunque siempre se esconda en el mismo sitio. Es una experta contorsionista y no hay obstáculo ni altura que se le resista, ya sean hierros, cuerdas o rocas. Las sabe trepar, saltar, evitar o lo que haga falta.  Recuerda los nombres de todas las personas que conoce. Le encantan los helados y el agua que pica (con burbujas).  Usa de su argucia y ,  como una instruida pícara, se las ingenia para conseguir un helado a diario. Cada día vamos a un parque diferente y si son de agua, mejor que mejor. Rebosa felicidad en todos sus gestos y es imposible no estar alegre a su lado. Le gustan las historias de lobos, brujas y cocos, al tiempo que  le dan miedo.  Le encantan los cuentos y que le narren historias. Aunque lo más divertido para mí de esta nómada, inocente viajera,  mientras caminamos o cruzamos boulevards o rues, es que todo el tiempo me pregunte incansable: esto es París? Esto es París?





lunes, 1 de julio de 2019

Por un rato... soy la reina de los mares

                                                                                                      Sirena de Anna Varella

No tengo playa donde vivo, solo un puerto de refugio, que es una pequeña entrada en la Serra de Tramuntana.
Hay en él, un  rincón donde me gusta ir a nadar. Aflora el agua dulce entre las piedras submarinas. Son  fuentes del agua  muy fría que se mezcla con la del mar. Así que siempre está fresco. Un placer de las diosas. 
Me gusta llegar pronto, cuando aún no se han levantado los turistas y los barcos duermen todavía.Tan pronto por la mañana y tan vacío que parece una gran balsa para mí sola, un safareig, como dicen por estos lares. Solo me acompañan los patos.
Floto y mi cuerpo no pesa, ingrávido, y me separo de mí misma y de los dolores, problemas e insatisfacciones. Respiro profundamente y desaparezco y me reconozco formando parte  del cielo y del mar como si fuera otra especie de ser vivo de este pedazo de paraíso, o al menos así lo siento. Me cobijan cielo y mar. Y creo que esto debe ser la felicidad. Y me regocijo durante un rato largo flotando y disfrutando mar adentro. Sobrevuelo con mis aletas las praderas de posidonias y miro cómo nadan tranquilos los peces. Me gusta observar la vida tras mis gafas de bucear. Y alejo de mi pensamiento  la muerte.
Y al cabo de un par de horas, el placer se termina. La dicha es breve. La playa se va llenando de gente y los barcos empiezan a molestar con el ruido atronador de sus motores. El sol ya quema. Y entonces yo me despido hasta el día siguiente.

jueves, 27 de junio de 2019

Álbum de recuerdos


Hay que recuperar las viejas historias y las viejas fotografías. Esta es antigua y, a la vez  novedosa, merece la pena. Nos nutrimos de ellas. Son nuestra vida.
La he rescatado del cajón de la mesa de trabajo de mi difunto padre. Acumulaba mucho polvo. Ya es hora de que salga a la luz.

                                     
George era un joven apuesto, esbelto y de muy buena presencia. Tan joven que tenía toda la vida por estrenar. Su amigo, un hombre curtido, veinte años más. Se apreciaban. La Segunda Guerra y el azar los había unido fuertemente. Ambos eran británicos y habían defendido a Inglaterra del avance del nazismo. Al poco de acabada la guerra, lo invitó a su casa, en el campo, para que conociera a su familia.
Nuestro protagonista todavía no sabía qué era el amor, pero Nora, la mujer de su amigo, sí. Sucumbió fascinado a su embrujo. Ella era una persona insatisfecha a pesar de su matrimonio y sus dos hijas. Ser ama de casa y madre no la colmaba, le quitaba aire, la asfixiaba. Necesitaba más, tenía inquietudes. Era poeta. Cuando terminó la guerra se acabó el trabajo de ayuda fuera de casa. Regresó su marido, Robert, tan rústico, y se instaló la rutina diaria.
Nora sabía de otros placeres y otros mundos porque la literatura le apasionaba. Se miró en los ojos de aquel joven y se gustó. Nadó en sus pupilas sin ahogarse. Podía respirar.
El condado de Cumbria, al  Noroeste de Inglaterra, no era el mejor lugar del mundo para las aventuras extramatrimoniales de un ama de casa descontenta, ni Abbeytown, con sus escasos habitantes tras la contienda, la mejor localidad para soñar. Cerca de la frontera con Escocia y con la región Nordeste de Inglaterra y de la costa del mar de Irlanda, solo podía fantasear con viejas historias de princesas y prisiones en castillos ruinosos y de barcos vikingos a bordo de los cuales poder cruzar el Mar del Norte. Viajar. Huir.
Sus ganas de cambio y de escapar de su pequeña realidad la lanzaron a los brazos del amigo de su marido.  Como George no bebía y no acudía al pub cada tarde, se quedaba en casa solo, ayudando en la cosecha, mientras Robert se tomaba unas pintas.
Y esos fueron los momentos en que Nora le enseñó todo lo que él debía aprender.
Tras finalizar su estancia, George regresó a Londres. Empezó a trabajar, se independizó de sus padres y el tiempo hizo lo demás. Se distanciaron. No solo les separaban físicamente cientos de kilómetros, sino que George estaba muy lejos de la hija que Nora aseguraba que era suya. Él tenía ya su  familia. La niña podía ser de Robert.
Las hijas de Nora crecieron, pero la pequeña Mary era muy diferente físicamente de sus hermanas mayores. Su madre nunca le comentó su temor.
Por su parte, el hijo de Joseph, Stephen, creció como hijo único, estudió, trabajó y formó también su propia familia.
Y cuál no sería su sorpresa, ya jubilado felizmente, cuando hace poco, como en un cuento de hadas, o por arte de magia, lo descubre su hermana Mary, ya anciana, a través de un análisis de ADN. En él se afirmaba que compartían un mismo padre. Ella estuvo estudiando su árbol genético hasta dar con su medio hermano. 
Él se quedó más que estupefacto con la noticia. Desconocía su existencia.
Mary le explicó la historia que había descubierto y juntos fueron atando cabos. Ella quería saberlo todo. Conocer quién era su hermano y quién había sido su padre biológico. Tal vez algo obsesionada y angustiada, porque temía llegar al final de su vida sin comprender quién era ella realmente. Juntos miraron los viejos álbumes de fotografías familiares.  De sus dos familias y compartieron todas las historias.
Ahora, siente que se han completado sus raíces, se ha cerrado el círculo y ya puede descansar tranquila, podrá atesorar sus recuerdos. Se siente, finalmente, feliz.

Para mi amigo Stephen Foster, que me contó esta historia real y maravillosa.