miércoles, 31 de marzo de 2021

Asturies 2. Nietas.

 


Aún no documenteme suficiente sobre el tema del bebercio alcohólico y  acerca de escanciar los culines de sidrina, así que charlaremos de otras curiosidades. Hoy por fin, compreme un chubasquero, que se dice igual aquí que en todas partes, para el orbayu, ese chirimiri que anda desde buena mañana dando morcilla y no precisamente asturiana. Justo, en este preciso momento, se cuecen unas lentejas con chorizo de proximidad, que da gloria el ambiente y aroma que crean en esta desangelada casa. Caminamos cada día por la senda costera del Cervigón, que a mí prestame la vida y mirar el mar me ensancha el horizonte o el alma, que una ya no sabe qué tiene. Como con Loren hablo poco, me dedico a las tiendas y me compro lo que necesito, en este caso, un chubasquero y le doy palique a la vendedora, que siempre están más que dispuestas a la cháchara. Me cuentan que como el ambiente es tan tristón por el tiempo que hace, mayormente gris, ellas lo alegran con su simpatía, para equilibrar un poco, vaya. Menos mal que los dislates de Loren los convertimos en chiste y nos reímos. Hoy en el paseo me dice que le duele la rodilla inglesa, todo serio, y yo: ¿Qué dices? –alarmada–. Que sí, mujer, la rodilla derecha y la inglesa. Al final nos reímos ambos de sus ocurrencias o cambios de palabras. Porque préstamos lingüísticos no son. Me deja pensativa con esto de las permutas del idioma, las alteraciones lingüísticas y el deterioro cognitivo y al rato me comenta, de nuevo, mientras seguimos caminando por la senda, que las mujeres libias que ve son muy guapas y deportistas. A mí ya se me ponen los ojos a cuadros y los pelos de punta, miro alrededor y le contesto: pues yo no veo ninguna. Como si supiera diferenciarlas si pasaran a mi lado. No atino tanto con las personas y menos, embozadas como vamos todas. ¿No querrás decir asiáticas o de Oriente próximo? –Le replico–, aunque yo tampoco las veo. Me doy cuenta de que duda y ya la hemos liado. Al final, las señoras que dice, ahora de rasgos venezolanos, deduzco que eran latinas y si son tan guapas y deportistas, como él afirma, es porque deben ser las mujeres de los paisanus, que como han corrido tanto mundo, casáronse y formaron matrimonios mixtos. De esta manera concluyo la discusión surrealista sobre el tema para no estirarlo y preocuparnos más de la cuenta. Y así seguimos, inventando historias para configurar y entender el mundo que creemos que nos rodea. Besines.

Gijón/Xixón

Asturies 1. Nietas. Confinamiento perimetral.


Intento mimetizarme con el asturianu y hoy he comprado picadillu, que ye lo más de lo más popular por estos lares. No os voy a explicar en qué consiste, porque tampoco lo sé muy bien, algo así como la carne picada del chorizo, su interior, vaya, pero en masa exterior al aire libre. El carnicero ya me ha explicado cómo y con qué prepararlo, que son bien simpáticos todos, y se enrollan mucho. A mí me encanta que me den charla, porque Loren no me da mucho juego en lo de conversar, aunque les entiendo poco si hablan tan rápido, así que me pueden vender lo que quieran, hasta una vaca de sus praos, si les da la gana. Bueno, el picadillo, para  los macarrones o con verdura, como un aderezo más. No podemos estar todo el día comiendo en sidrerías de menú con esas perolas de fabes que te ponen que son inacabables. A ver qué os pensáis. Nos cuidamos. Hoy he comprado filetes de marrajo, o sea tiburón. En esta tierra los pescados son todos a lo grande: bonito, bacalao, merluza de gran tamaño. También he probado los ericios de aquí, delicioso manjar, los bollus preñaus, que venden en cualquier panadería y el Afuega´l Pitu, queso bien picante. Y ya he preparado fabes verdines con almejas. Hoy ha salido el sol y el mar estaba tranquilo, así que me he paseado en mangas de camisa como una buena maizona. Los lugareños son muy cariñosos con los perros y los llevan de paseo a la arena de la playa, que está llena de canes con sus respectivos amos. Ellos son los destinatarios de todos los carteles municipales, que yo siempre leo por si acaso el aviso fuera conmigo, como buena pardilla que soy, pero no. Son los que más la disfrutan hasta que sube la marea y los bichos se bañan y no le tienen miedo al agua. Curiosidades de la vida y de los viajes. Como Manolo, el paisanu tan simpático, que conocí ayer. Vive solo con su perro, por eso necesitaba una casa con terraza y se compró un ático más lejos de la playa de San Lorenzo y del paseo. Se mudó y vende su piso, que es un edificio singular catalogado, de fachada bicolor con mirador y gran reconocimiento urbanístico. Subí con él, cómo me lo iba a perder, y me lo enseñó, porque yo estaba enamorada y por eso le pregunté en la puerta de su casa y dio la casualidad de que él era quién lo vendía. Pero claro, una no se va a comprar un pisito por mucha fachada modernista y mirador que tenga, porque, además, mira siempre al Norte y jamás le da el sol. También, ya puesta en el papel, me interesé por las humedades que tenía el parqué del pasillo y me dijo que eso había sido su perrín. Una no vive en el zaguán de la vivienda con esos azulejos con cenefas de flores, no, por mucho que le presten. Ni en la calle contemplando la bonita fachada. A una le encanta, sí, y no le importaría tener una casa cerca del mar Cantábrico, que esa es otra, siempre está furioso y ventoso, que no es lo que entendemos nosotros, los mediterráneos, por brisa refrescante, no. Es un auténtico vendaval. Eolo no desfallece nunca. El paisaje que lo acompaña sí que es un auténtico bien cultural. Ya os lo contaré, si puedo moverme. Y ya sabéis el dicho: “Asturies ye España y el resto, tierra conquistada”. ¡Arriba Pelayo!

Gijón. Marzo 2021

domingo, 21 de febrero de 2021

Distopías y transformaciones


Sin apenas darnos cuenta nuestro pequeño mundo se va cerrando sobre nosotros y vivimos prisioneros cada uno en su burbuja. No salimos ni quedamos con los amigos, no charlamos ni nos acercamos a nadie. No nos tocamos. Las palabras se nos olvidan por no usarlas. Las cifras de muertos se siguen disparando en oleadas. Nos olvidamos de viajar y nos imaginamos las sonrisas porque no conseguimos verlas. Estamos vivos, tenemos suerte. 

Ya pronto se cumplirá un año desde que empezó esta pesadilla que ha cambiado nuestra manera de ver el mundo y nuestra vida y seguimos sin acostumbrarnos. Cuando no esperamos nada, nos quedan los sueños, la ficción para combatir el miedo y la triste realidad. Los deseos de volver, la nostalgia por regresar a la vida como era antes siguen manteniendo nuestra ilusión. Tendremos que aprender a abrazar, dar besos y acariciar. Necesitaremos saber manifestar nuestros sentimientos y emociones. Hemos olvidado, durante este tiempo de distopías, cómo hacerlo. 

miércoles, 17 de febrero de 2021

Para Eva, mi hermana, de corazón.

 



 Coge el traje de sirena y ponte las alas. Vuela, disfruta, viaja.

El viento de la vida sigue soplando. Ahora con más fuerza que nunca.

Mándanos abrazos de arena y mar, de volcanes y desiertos, de laurisilvas con aromas a bosques mágicos, encantados y antiguos.

Océanos infinitos  y alisios fuertes, siempre constantes, te acompañarán en tu viaje. Navega como Ulises contra viento y marea. Canta. Sueña. Medita. No te apresures.

Visita la Anaga, donde habla la Madre Tierra y escucha el susurro de las hojas de la sabina bañadas por el viento y el mar. Atiende a sus leyendas. Reposa bajo el árbol milenario: el Drago, que te ofrecerá su protección mientras dure el camino.

Respirarás paz y regresarás cambiada.

Buen viaje, aventurera, inicias la ruta más importante de la vida: los sesenta. Que sea una travesía larga, llena de alegría, de fuerza y de ternura.

Las que te queremos, ya sabes, te acompañaremos siempre.

https://lacosmopolilla.com/anaga-el-bosque-de-laurisilva-de-tenerife/

https://www.webtenerife.com/que-visitar/otros-espacios-naturales/

 https://lostraveleros.com/que-ver-en-tenerife/

domingo, 7 de febrero de 2021

Tus abuelos: mandarinas y caramelos

 


Tienes una carita redonda, de luna bien llena. Tu abuela se asoma y reconoce en ti a sus hijos cuando eran pequeños, y a sus nietos, también bebés. Se estremece feliz hasta la médula. Eres la continuidad familiar, el eslabón más pequeño. Solo te mira y se le ilumina la cara. Te cuenta historias y te canta todo el rato y no se le despinta jamás la sonrisa.  Tú te ríes siempre con ella. Es camaleónica, unas veces parece un gato, de tremendos ojos, otras un cocodrilo o un forzudo orangután. No conoces aún tantos animales, pero te encantan los movimientos que hace con su cuerpo y sus voces diferentes y sorpresivas. Es una saltimbanqui. Te gusta mucho que el abuelo aplauda la actuación. Los miras a ambos y te lo pasas tan bien que no puedes parar de carcajearte. Te encanta estar con ellos. Los brazos de tu abuelo, a la hora de acunarte, son tan cómodos y blanditos como una mecedora. Te agarra y se te cierran los ojos enseguida que se inicia el suave balanceo. No puedes mantenerlos abiertos y los apagas como si fueran dos estrellas a la luz del día. Ya sabes que es un hipnotizador y un mago, estás convencida de ello. Te inunda su olor a montaña, a árboles, a campo. Te invita a soñar. Y tú, sin darte cuenta, eres tan dulce que hueles a almendras garrapiñadas y mantecadas. Te comerían a besos. Sueñas y cantas tonadillas infantiles y el mundo es mejor, lleno de flores, colores, arco iris, nubes de algodón y pájaros. Y la ilusión de tus abuelos, su alegría y el aroma a azúcar caramelizado se extienden por toda la casa mientras tú descansas.

Para la pequeña Carmen

miércoles, 3 de febrero de 2021

Florecilla silvestre




Dibujo préstamo de Nil Valbuena

Aunque eras muy coqueta y presumida, solo necesitabas encontrarte tú mona a ti misma, para salir y lanzarte a la calle. Muchos colorines, collares y abalorios siempre, –generalmente hechos por ti–, flores y pañuelos. Eras la reina del mambo, pues la música de todo lo que llevabas colgando acompañaba tus andares. Nada pegaba con nada, ni nada más alejado del ir conjuntada. Era tu propio estilo. Te importaba un bledo que la gente te mirase. Con los años fuiste acentuando esa tendencia de moda y pasotismo. Yo me moría de la risa literalmente, cuando paseaba contigo y tus estrafalarias vestimentas.  Además del gusto por los disfraces. Te disfrazabas siempre que ibas a contarles cuentos a los peques del cole y cuando ibas a la biblioteca a hacer una presentación o cuando te daba la gana. Hacías tuyo el "antes muerta que sencilla" de la canción, sin proponértelo, con la cabeza bien alta. Te ponías una bata de flores, de ama de casa cualquiera, encima de los pantalones, un sombrerito para que no faltara detalle y ya estabas lista.

–Pero... ¿sales así? ¿No te cambias? –le preguntaba yo atónita.

–¿Es que no te gusto, Mari?

–¡Cómo no me vas a gustar, anda, qué cosas tienes! –le contestaba, agarrándola del brazo como buenas amigas. Eres muy moderna y extravagante. ¡Vas divina!

Yo alucinaba colorines con ella. Tal vez se reflejaban en mí todos los que ella llevaba encima. Me alegrabas la vida.

Te echo de menos, amiga. 







martes, 19 de enero de 2021

Paisajes





Me asomo a la ventana. 

Estoy triste, desanimada, 

y miro por ella. 

Sin darme cuenta, 

empieza la magia. 

La cocina se llena 

de aromas de naranja y limón. 

Oigo el rumor del agua 

que salta por las piedras del  cauce: 

son los torrentes.

Escucho el trino de los pájaros

que, de árbol en árbol, 

entra por ella. 

Mis ojos tropiezan 

y se quedan secuestrados

en lo alto de la montaña. 

Como un gran águila vuelan

y sobrevuelan esas historias funestas,

cotidianas, de constantes desvelos. 

Me embeleso. 

Fantaseo y sueño.

La naturaleza me abraza.

Ya  he olvidado la comida 

que tengo en el fuego. 

Y respiro feliz de saberme 

tan cándida y despistada. 

¡Qué gran suerte tengo

 con esta ventana!

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Abismos de luz

 

Sé que vienes cada noche a visitarme. Pienso en ti y tú enseguida acudes y nos ponemos a charlar. Me dijiste que querías irte en tu casa, tranquilita en tu cama, con los tuyos, y así ha sido. Comparto contigo los paisajes de esta isla que tanto te gustan. Estoy mirando el mar y lo miro por ambas porque sé que tú lo disfrutarías. Y poca cosa más, sé que vives en mí, estoy convencida.

No sé a mí cómo me gustaría. Vivimos siempre de espaldas a la muerte como si no fuera con nosotros. Es un tabú hablar de ella. Mi amiga Montse me dijo el otro día que ella se irá a la tierra, que lo de la incineración no le mola: al cementerio como toda la vida, que tiene una cesión o concesión municipal gratuita. A saber de qué habla.

Yo no lo he pensado. Creo que a mí me gustaría volver a la tierra junto a un árbol, en forma de cenizas, claro está, y dar la vida, servir de nutriente a otros seres vivos. Y que mis nietas dijeran: “la yaya está en el huerto, debajo del algarrobo o del naranjo o de la higuera alimentando sus raíces y su savia. Le encantaba cocinar y ahí lo sigue haciendo”. Alquimia. Regresar a la naturaleza y formar parte de ella. Integrarse.

“Pero yo ya no soy yo, no tengo huerto, ni mi casa es ya mi casa…”

Las cenizas de mi querido primo Carlos reposan en las cercanías de Benimantell, bajo un gran pino. Allí pasamos una infancia de veraneos muy felices todos los primos juntos, asilvestrados totalmente entre bancales, fuentes y pinares. Creo que a mí me gustaría también descansar en la Aitana, mirando el Xortà, para recordar las historias que nos contaba mi padre de cuando era joven. Otro peliculero.

Mi amiga María Antonia paga desde hace tiempo un seguro que cubrirá los gastos de su muerte, así no será un lastre para su hijo. ¡Ay, estas madres tan previsoras, que los cuidan y se preocupan por ellos hasta más allá de la vida!

La muerte sigue siendo invisible en nuestra vida cotidiana, por eso debemos acabar con el tabú y hablar de ella. No hay que olvidar que la vida cansa y, llegado ese momento, la muerte aparece como única solución, nos ofrece ese deseado descanso.

Loren quiere que echen al mar sus cenizas, pero sin ceremonias ni barcas, él cerquita, en la orilla del Mónaco, en el Puerto de Sóller, donde hemos pasado la infancia de nuestros hijos y los veranos con amigos, de días y tardes inacabables. Mañanas de pesca y buceo con Michel, a veces, y con Antonio, siempre. No quiere algaradas ni pésames ni funerales, una cervecita en su memoria, o en su defecto, una copa de cava. Nada más.

–Loren, el Mediterráneo está muy contaminado, y tú todavía lo vas a empeorar –le digo yo.

–Chorradas, los peces acabarán rápido conmigo. Total, sólo seré un puñadito de ceniza. Entre tanta muerte dramática y sin sentido en nuestro mar, un poco de polvo de más no creo que le importe al ecosistema.

Yo no sueño con el último aliento, que espero, como todo el mundo, que sea indoloro e inodoro, lo de los colorines ya no me importa tanto –pero casi es preferible que los haya por la animación y la vida que comportan–, sino que fabulo con que una vez fallecidos, consigamos lo que no pudimos conseguir en vida. No sé si me explico, mi historia empezaría tras la muerte. Da igual que nuestros cuerpos reposen en el cementerio o en un columbario. Nuestros espíritus pajarearán invisibles entre los seres queridos, pero también se moverán con total autonomía, a su aire:

–Maria José, ¿dónde andas?, –aunque es un forma de saludo. No caminamos como podéis deducir.

–Estoy en Panes, me he venido a Asturias, al prado, demasiado calor en el Mediterráneo. Mis hijos continúan con la pesca y yo aquí estoy con ellos. –Nos reímos ambas de las ocurrencias, ni frío ni calor, ya ves, estamos más que muertas, lo siguiente, como decían nuestros hijos–. Pronto me iré con ellos a Bali, el viaje que no pude hacer en vida. ¿Recuerdas el miedo a volar que yo tenía? Qué susto el avión, Mari, no te creas, aunque esté muerta, me sigue imponiendo mucho respeto. Serán los recuerdos. Pero…, aunque ahora ya, ¡qué más da!

–Claro que me acuerdo, te ponías mala, malísima y te tenías que drogar. Por eso no venías a Mallorca. Pues no subas al avión, tonta, ve con el pensamiento, teletranspórtate, que es menos cansado.

–Es que me sabe mal dejarlos solos en esos aparatos tan tremendos. Ya sabes…, al final es una piedra con un motor.

–Tú misma, luego no te quejes de las alturas, de los mareos y del canguelo. ¡Jajajaja! –me río yo misma de mis tonterías, pues de todos es sabido que al no tener sentidos no podemos tener esas percepciones ni sensaciones.

–¿Y tú, Malén? ¡Uff, por fin he conseguido un apartamento en el mar! En la playa Muchavista. Estoy encantada, de okupa de lujo, veo cada mañana la salida del sol. Y no molesto para nada a los dueños, que apenas viven en la casa. Son ricos, ya te puedes imaginar, y tienen más residencias. Aunque también me muevo, no creas, pronto iremos mi hermana y yo a Ibiza. Y Lucrecia me espera para que vaya a conocer su cohousing en el Puig. Como ves, un sin parar.

–Oye, y ¿para cuándo la visita a los amigos de El Real de San Vicente? Recuerda las castañas y los increíbles colores rojizos del otoño. ¡No nos lo podemos perder!

–Pues cuando regreses de Indonesia, querida, vamos juntas, ya sabes que nos están esperando. Y se apunta Salud, que ahora anda por Elda, es un decir, claro, de andar nada, monada. También podemos aparecernos como fantasmas para Todos los Santos.

–Eso, nos disfrazamos con sábanas blancas. Eres tremenda, Malén.

La comunicación entre nosotras es inmediata, instantánea, sin palabras, telepática. Somos partículas risueñas, omnipresentes, clarividentes y ubicuas. Leemos y comprendemos –sin necesidad de fijar la vista– en un santiamén todos los libros y estamos siempre conectadas. Presente, pasado y futuro son conceptos fundidos.

Y el mundo de los entes es muy extenso y a gusto de todos. En él observaríamos diferentes categorías:

–Los no paste, desapegados, que están en todas partes y en ninguna. Vuelan, brillan, se esparcen  y se divierten mucho.

–Los paste, pegados, más aferrados a la vida que ya no viven y que siguen con las mismas ideas y costumbres que tenían antes de su muerte. Sienten nostalgia y hay que dejarles fluir para que se acomoden a su nuevo modo de ser o no ser y a su destino.

Y entre ambos un montón de subclases, pero eso ya lo explicaré con más detalle en otra ocasión.

¿Que cómo nos comunicamos con los seres vivos? No, eso no es posible. ¡Menuda pregunta más tonta! Eso sería una interferencia de planos y realidades. Imposible. La criptografía cuántica no lo permite.

Nosotros, por si no lo tenéis claro, como entes translúcidos, inmateriales e intelectualmente bien lúcidos, vivimos –es un decir– en el interior del corazón de nuestros seres queridos, pero no siempre, por favor, ¡menudo aburrimiento!, solo a ratos, cuando nos piensan y nos echan de menos.

Con ellos y gracias a ellos seguimos percibiendo lo que sienten. Menudo oxímoron me ha salido, por cierto.

No os preocupéis lo entenderéis todo perfectamente cuando lleguéis aquí. Este es un mundo fascinante.

En las noches despejadas, cuando el cielo parece que está más cerca, tanto que se pueden tocar las estrellas, ahí estamos nosotros, los entes mágicos, las pequeñas partículas iridiscentes, soñadoras, volátiles y risueñas; abismos de luz velando por el bien de todos vosotros: nuestros seres queridos.

Seguimos siendo polvo de estrellas.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Mundo de sueños


                                                              El mundo de los sueños, 1876. Laura Epps


La luz que entra por la ventana de la sala se refleja blanquísima sobre el mandil y la cofia que lleva la niñera de la casa, pero ella no se despierta, está terriblemente cansada tras su jornada laboral.

Asear a las niñas, cepillarles el pelo, preparar la ropa, vestirlas y darles el desayuno. Atender a sus berrinches para que no molesten a sus padres mientras están en su estudio, recoger los juegos y sus ropas, acompañarlas en todo momento y cuidar también de la casa es estar todo el día ajetreada, sin parar ni un minuto. Lady Laura la quiere siempre bien dispuesta y arreglada, le regala trajes y adornos para que parezca una más de la familia. A los señores les gusta guardar las formas. Así que, en un momento de tranquilidad, cuando toda la familia al completo ha marchado a la calle de paseo y ella se ve liberada por un rato de sus fatigas, se sienta para leer un texto de la gran Biblia familiar ilustrada, porque ella es una persona de letras y, al poco, cae vencida por el sueño tras unos párpados pesados que no pueden competir con la fuerza de la gravedad. Su cuerpo, pleno de laxitud, se recuesta sobre el gran libro y el mundo de los sueños la abraza.

Sueña que está en una de las veladas artísticas e intelectuales que organiza su señora, pero no como niñera, sino como invitada. Es una bella dama que interpreta al piano una divertida cancioncilla popular reivindicativa. Y tal y como dice la letra de la tonada, ella no quiere ser esposa de nadie ni perder su apellido por el de su marido. Le gusta su nombre y está con él muy satisfecha: Iris Stansfield. Quiere ser concertista, ir al Conservatorio y estudiar Musicología en la universidad de Londres, que ha sido la primera del Reino Unido en admitir a mujeres, lejos del ambiente clasista y elitista de Oxford y Cambridge. Iris es sufragista, lo necesita tanto como el aire que respira. Aboga por la igualdad de las mujeres y los hombres. Quiere que, de una vez por todas, se reconozca la voz de ellas tanto como la de ellos. En un orden dominado por los hombres, el sufragio femenino es un derecho humano universal…Y mientras está en el mitin, soñando en un mundo más equitativo y mejor, oye a lo lejos unas voces infantiles que, conforme se aproximan, la van devolviendo a su triste realidad. Se despereza, se mira en el espejo y se recompone el cabello antes de que aparezcan. No importa cuándo, se anima esbozando una sonrisa, sabe que lo conseguirán.

Colores

 


Henry Ford Hospital. Frida Kahlo


El día era gris y opaco, las nubes del cielo de Detroit se aferraban a los tejados del paisaje industrial como una niebla cenicienta y espesa que impedía ver el cielo.

Así se sentía ella, asfixiada en un maldito cuerpo que le negaba lo que más ansiaba en la vida: tener un bebé fruto del amor y volar juntos a pintar de colores las nubes, el cielo, las flores y los pájaros.

Tomó una secreta decisión a la salida de la larga convalecencia hospitalaria tras el aborto y sus secuelas. Dejaría atrás la oscuridad, la sangre y las lágrimas. Toda una trayectoria de tragedia y enfermedad, de amor no correspondido de la manera que ella necesitaba. Ya bastaba de desgracia e infelicidad. Eliminaría su pasado y empezaría de nuevo. Lo importante era pensar en sí misma y en nadie más. Sabía que sería difícil llevar a cabo  su resolución, porque Diego era un volcán imparable que recorría todas las venas de su cuerpo independientemente de su voluntad, pero ya no podía soportarlo más. Ese fuego infiel la estaba destruyendo. En algún sitio había leído que algunas pasiones se podían sustituir por otras, especialmente si eran nocivas.

Supo hacerlo. Con la ayuda de unas buenas amigas se esfumó y desapareció en la noche, tras un largo viaje, hasta una pequeña aldea mexicana. Jamás se le ocurriría buscarla en un lugar tan alejado y remoto del círculo que frecuentaba.

La casa a donde se trasladó tenía un patio central con un pozo y un duraznero. Marcela era la dueña encargada de cuidarla. Los verdes y amarillos la rodeaban y podía respirar  de nuevo.

Allí se despojó de todo lo que le recordaba su pasado, empezando por su vestimenta y se mimetizó con el entorno. Su corazón había quedado hecho pedazos en aquel gris hospital y ya no lo quería. Necesitaba otro.

Primero fueron las lecturas y el reposo, bajo la atenta mirada de Marcela; después, algunas tareas culinarias entre las cacerolas de la cocina y, poco a poco, su cuerpo fue recuperando la vitalidad indispensable para salir de paseo y caminar entre los lugareños como una paisana más.

Estaba empezando a interesarse de nuevo por las pequeñas cosas: el vasito de mezcal, la emoción de la ranchera, un  pasaje de la mitología azteca o el simbolismo ancestral de catrinas y calacas. Y, por encima de todo, la importancia de quererse a sí misma. Dejó de verse siempre como una víctima y tomó las riendas de su nueva vida. No más rojo pasión ni sangre. La esperanza sería ahora de cualquier otro color.

Influida por el estudio de sus antepasados y las ideas de vindicación nacionalista, empezó a vestirse con largas faldas mexicanas, moños trenzados con cintas multicolores y abalorios precolombinos. Era su forma de rebelarse contra el destino. Sus fieles amigas le daban el apoyo que ella necesitaba para continuar siempre adelante. Volvió a coger los pinceles y, por fin, llenó sus obras de colores luminosos y brillantes.

De nuevo regresaron la luz, la vida y la magia.