viernes, 6 de enero de 2012

Nuestra hada madrina





Esto era un hada con una varita que le proporcionaba el don de la escritura y no solo ese, sino todos sus demás deseos se veían siempre satisfechos. Con gran dominio de las nuevas tecnologías se dijo:
-Crearé un lugar de encuentro de amantes de la narrativa-, e inmediatamente lo conseguía. Otro día hizo lo mismo con la gran olvidada: la poesía.
No contenta con ambas, extendió sus redes a sus otras dos pasiones, la lectura y el cine. El celuloide y las páginas de papel, en definitiva, contaban historias que era lo que a ella le gustaba. La transportaban a otros escenarios y a infinitas vidas que podía vivir sin moverse de su espacio.
Un día se le rompió la varita en un descuido imperdonable. Entonces comprendió que la magia no estaba en aquel complemento, meramente decorativo, sino en ella misma: la  fuerza y el poder de seducción de su palabra.

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