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lunes, 1 de octubre de 2012

Un pedazo de cielo desde la ventana


Las nubes de formas caprichosas pasan veloces, empujadas por el viento. Es tiempo de tormentas.
-¡Mamá!, mira esa nube tan bonita, es una familia de cachorros.
-Sí, hijo, sí.
-Y por allí va la Reina de los mares, la del cuento. ¿La ves?
-Claro que sí, cariño. La veo con su largo traje blanco de espuma de algodón, es muy bella.
-¿Y por qué no nos montamos en aquel barco tan grande que llega y nos vamos a buscar a papá? Ya no me acuerdo de su cara.
-Él no está en ese cielo, mi amor, no lo encontraríamos.
Los recuerdos descienden y se agolpan en ondas de lágrimas que resbalan por su cara.  Se las ha de tragar. La diversión de contemplar juntos el firmamento por un rato se acaba cuando la tormenta cierra, de un golpe, la ventana.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Un ramillete de muguet

                                                                                                                                                   Robert Doisneau
Cada tarde pasaba a mi lado a la misma hora, se dirigía hacia Saint Sulpice, línea seis, siempre seria y triste. Parecía la mujer más apenada del mundo. Jamás la vi sonreír; por eso aquel día tomé un ramillete de la pequeña floristería donde trabajaba y salí tras ella, sin pensármelo dos veces. Se sorprendió cuando me acerqué al banco donde aguardaba y se lo ofrecí, negaba rotundamente con la cabeza, al final lo tomó entre sus manos. Un ligero atisbo de sonrisa me transformó en el hombre más feliz del universo. Ahora ya sé que estudiaré húngaro con todas mis fuerzas.

sábado, 26 de mayo de 2012

Revisión protocolaria





Mehrdad Zaeri


A veces te cabreas y les dices que ya vale, que con tanto adelanto en la ingeniería robótica, por ejemplo,   cómo  es que aun no se ha inventado nada menos doloroso. Como es corta,  pasa rápido, te consuelas. Pero esta vez se llamaba ecografía mamaria, te dejaron en una camilla y no aparecía nadie. Por la hora que era, pensaste, aburrida, en echarte una siestecilla, pero tu sentido de la compostura te lo impidió. Entonces apareció él, no te miró, apenas te saludó, lo achacaste tal vez al pudor por el cuadro que se exhibía ante sus ojos. Te hizo daño, mucho daño, pero no le dijiste nada, aguantaste muda y siguió hurgando, sin preguntar. Dedujiste que era un cretino, o tal vez andaba agobiado por los recortes de personal. Intentabas justificarlo. Ni media palabra por su parte.  Te convenció más la primera opción. Justiciera, decidiste que aprendiera una lección, no podía irse de rositas, te lo cargarías en el próximo relato. Se iba a enterar. Saliste de aquel cuartucho más animada. Ahora, para ti ya está muerto y  su deuda saldada.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Cierta tristeza











Lloraba tanto y tanto que sus ojos eran dos cuencas fluviales imparables. Sus vecinos aprovechaban la llantina que le solía venir cuatro veces al año para regar sus huertos siempre verdes. Las propiedades curativas de los vasos de lágrimas de sus ojos eran conocidas en toda la comarca. Al principio, Marlene lloraba sin parar y por cualquier cosa que la conmoviera, y con lo difícil que estaba el mundo, este ocupaba el centro continuo de su  llanto. No dejaban que escuchara las noticias ni que leyera el diario. Los niños le llevaban sus juguetes, le hacían carantoñas y arrumacos, pero nada servía para consolarla, su pena era inconmensurable. Lloraba de día y de noche. Un día,  sus ojos se secaron durante un breve tiempo y con ellos el verdor de los campos del valle donde vivía. Todo se volvió gris y sombrío y le causó tal tristeza, que  sus ojos se anegaron, el río volvió a su cauce y su vida, por fin, cobró sentido.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Reproches



                                                       Obra del fotógrafo francés Robert Doisneau (1912-1994)
Me aprieta el paquete que mi madre se empeña en ponerme todavía, tan pesada en su papel de madre protectora de su cría. Como si no pudiera controlar mis esfínteres. Es incomodísimo caminar con las piernas tan abiertas, y mi padre y su amigo que no paran de charlar, mientras yo cuento las líneas que se van cruzando bajo mis pies. Pero ellos encontrarán el tesoro antes. Al parque, ¡Ja! como si no los conociera yo. Se enzarzan en sus discusiones filosóficas y no me prestan atención ninguna. Es una pena que mi cabeza sea de niño superdotado y mis pensamientos no puedan ser emitidos por estas malditas cuerdas vocales, apenas sin desarrollar, casi de bebé. Solo me comunico con sonidos guturales, gritos y llantos, por cierto,  creo que ya les debo dar un toque: ¡Ggrgrgrgrgraaaa!

lunes, 19 de marzo de 2012

NEGRO OBSIDIANA



                                                                                               Fotografía de Brian Soko                
Su rostro era tan hermético, como su boca cerrada. Su mirada se escondía tras unas gafas de sol, oscuras e impenetrables.  Jamás vería lo que no le importara.  Unos aros pendían coquetos de los lóbulos de sus orejas. Era muda, ciega y sorda en algunos momentos;  invisible en otros, vigilaba sin ser vista; era dura y fuerte como la obsidiana. Podía resistir todo tipo de embates, condición indispensable en su labor diaria. El sombrero ocultaba una media melena rubia y una cabeza noble,  que funcionaba rápida y sagaz.  Aparentaba más años de los que tenía y ahí residía el secreto de su poder. La  vida no le había dejado tiempo para mimarse, pero no le importaba. Lo único trascendental eran las misiones que le confiaban. El abrigo guarecía un cuerpo seco y atlético, que nadie miraba. Nunca podrían sospechar de ella, esa aparentemente  casi  anciana, que cruzaba a un lado y a otro de la frontera, portando mensajes, mientras contemplaba el reflejo de su figura en la ventana.

domingo, 5 de febrero de 2012

SEDUCCIÓN


El local estaba en penumbra. Me acomodé en una mesa libre. Me habían recomendado aquel café en el bed and breakfast donde dormía. Al poco de que la camarera sirviera la copa, empezaron los primeros acordes del violonchelo. Y ya no supe dónde me hallaba. Sí, claro, aquello debía ser Egipto y perseguía la etérea belleza de una misteriosa dama que huía entre velos a bordo de una nave del antiguo Nilo, custodiada por dos hercúleos sirvientes. Una fuerza me impulsaba a correr  tras ella, pero ya no estaba allí, había desaparecido.  Yo, tampoco era yo mismo, sino un tramoyista que contemplaba extasiado, desde las bambalinas del Gran Teatro Bolshoi,  a un grupo de bailarinas, que hacían poesía al compás de la maravillosa música, la misma que me había seducido y  que me había hecho soñar lugares tan remotos. El sonido de los aplausos me sobresaltó y regresé al viejo recinto del Soho londinense.

sábado, 4 de febrero de 2012

Navegando




Me gusta navegar por las palabras cuando escribo y bucear hasta encontrar la adecuada, como si se tratara de un preciado tesoro.
Me gusta dejarme llevar por los mares de libros cuando leo y  sumergirme en  historias que me atrapan  y me llevan flotando sin que me importen el oleaje o  el mal tiempo.
Me gusta mirar el mar y pensar en otros mundos lejanos y en los barcos que cruzan océanos y acercan continentes y tienden puentes entre culturas.
Me gustan los piratas y los aventureros, los que se lanzan sin mirar atrás, los que siempre sueñan.

miércoles, 18 de enero de 2012

Despedida




Era ella, estaba mucho más guapa que cuando os separasteis y te miraba con la cara interrogante, junto a la rosaleda del paseo, al otro lado de la calle, con esa mirada que solo ella sabía poner cuando quería conseguir tu consentimiento para algún capricho. Indudablemente, te quedaste atónito, sin poder entender qué pasaba y no te percataste de que no podías cruzar la avenida sin más, ni de que en ese momento un coche venía hacia ti a tumba abierta.
Fue terrible. Desde el suelo, aún sin entender y sorprendido, la percibiste de otra manera y entonces comprendiste. Era, siempre lo había sido, una persona muy bien educada, y no te extrañó comprobar que había venido una vez más a despedirse. (Texto paralelo)


Malén

sábado, 14 de enero de 2012

Hechizada




"Tanto esfuerzo, dedicación y entrenamiento para qué, ya no puedo hacerlo más, mis vértebras acabarán rompiéndose, estoy débil,  me hago mayor, no sé si estoy llegando, más bien me estoy yendo, eso es lo que debo hacer, retirarme, me estoy matando, cada día intentando superarme como una joven principiante, mis pies parecen muñones, no me responden y la espalda ya ni la siento, de tan retorcida como la tengo, y sin embargo, sigo hechizada como en el cuento..."

La voz caótica de V.E.



                                                                                                                                                             Fiammetta Segatori

Locos y locas, sobre todo enajenadas, es que aquí ya no hay quién se aclare: que si una escurre el bulto y se va a Puerto Vallarta y se queda tan ancha, la otra teje que te teje el maldito mantón a todas horas, alguna enfrascada en el terror día y noche, sin descanso, la otra depresiva es poco, el otro con la coliflor dale que te pego,  algunas tan vagoncias que ni te cuento, las leonesas que no aparecen, de masajes y en la pelu, todo el rato poniéndose guapas, las que menos como perros en celo, totalmente obsesas, otras alcohólicas perdidas y con ganas de perderse. Los bosques nos reclaman, y ¡hala!  Hadas y haditas, raíces y Ents, y todas para allá, así ni grupo ni nada, cada uno a su bola y no podemos centrarnos, ni inspirarnos ni aprender ¡Un auténtico caos VE.! Ya mismo me borro.

jueves, 12 de enero de 2012

Solo ella





Se decidió sin meditarlo demasiado, como se hacen a veces algunas cosas que después se revelan como verdaderamente importantes. Por impulsos. Solo pensó en ella, cogió los ahorros de los últimos años y los invirtió en un crucero por las islas griegas durante las navidades, sin dar mayores explicaciones a nadie. Por fin vería cumplido su sueño. Nunca hubiera imaginado que su vida iba a sufrir semejante transformación, como ya presagiaba el nombre del crucero: "libertad en el mar".

viernes, 6 de enero de 2012

Monólogo interior




“No me va a dar tiempo, no acabaré para la boda y mira que me comprometí yo sola, por bocazas me pasa, pero es pesadísimo bordar  tantas flores en este tejido tan fino y con las puntadas tan pequeñas, claro que es divino y es mi mejor amiga y el mantón quedará precioso sobre sus cabellos dorados, se lo merece todo, esto y más. Y no el panolis con el que se casa, ya lo decía la tía Edelvina, no te fíes, no te fíes y ahora una criatura, si es que somos tontas de remate, nos dejamos embaucar por el primer hombre apuesto que pasa y nos lían y ya se sabe. Que no se me olvide acercarme al colmado a por tomates que no quedan para la ensalada y con tanto bordado se me va el santo al cielo, pero ¿qué es eso? si ya están dando las doce en el campanario, se me ha pasado la mañana volando, está claro que no me va a dar tiempo.”


                                          **********************


"Cómo son los recuerdos, tantos veranos presumiendo de chal y tan suave la sensación del roce con mi piel. Me lo trajo la tía Edelvina de Cuba, qué cosas tan bonitas traía de sus viajes, siempre me gustaban, pero especialmente este chal que atesora mis más preciados momentos. Pájaros, flores, bordados con hilos de seda y parece que no haya pasado el tiempo por ellos, como se hacían las cosas antes, hay que ver, con sabiduría y buen gusto, para que duraran y te acompañaran toda una vida"  

viernes, 18 de noviembre de 2011

Insomnio


Regresó a su infancia, a su pueblo de casas grandes, donde las ventanas eran ojos y parecía que tras los balcones te espiaran. Nunca pudo conocer todos los secretos que allí se guardaban.
Despertó entre unos cálidos brazos que le resultaban muy familiares. Su padre la sostenía como cuando era una niña.
-“No pasa nada, mi amor, solo ha sido una pesadilla” -le decía al tiempo que la acunaba.
De nuevo se encontraba en la cama y en la habitación de su niñez. Su padre, que  hacía tantos años ya que había fallecido, estaba junto a ella, calmándola. Se sentía ingrávida y cristalina.
-Seguro que es esto la muerte -pensó-. ¿Seré yo un fantasma?
Los visillos se movían y sin rozar apenas el suelo, se asomó a la ventana…

Imposible


Cuando el alto ejecutivo se encontró con su contrato rescindido sin preaviso, no solo se quedó sin trabajo, sin casa y sin su deportivo favorito, sino también sin alma. Había hipotecado su vida y ahora no tenía otra de repuesto.
Se trasladó a una cueva en la montaña, símbolo de su vacío interior, con la consigna vital de intentar sobrevivir al margen de la sociedad.

Únicamente duró una semana.

martes, 15 de noviembre de 2011

A mis compañeras de V.E.




Las mujeres de VE. contaban con una larga trayectoria política a sus espaldas. Estaban hartas y desengañadas como mujeres y ciudadanas. Antes de constituirse en grupo electoral echaron de casa a sus maridos, amantes y novios. No, mejor todavía, se fueron ellas todas juntas, así sus compañeros tuvieron que ocuparse de todo aquello que durante años habían desatendido. 
 Daba gusto verlas en su nueva casa del Pensamiento:
-Lucrecia, maestra, pásame el libro de Habermas, que no recuerdo lo que dice el filósofo sobre… -Esa era Yolanda-.
-Ya estaba todo en Aristóteles –contestaba la susodicha mientras se conectaba en la red con otras insatisfechas.
-El concepto de ciudadanía ya se hallaba en Grecia -seguía replicando Lu. 
-No somos tan antiguas –decía Asun mientras se tomaba el té en una tacita de porcelana de Limoges, procurando que no le goteara sobre los árboles de la pantalla abierta.
-¿La paella de hoy de qué toca? –preguntaba Fergal.
-Creo que hoy nos toca la libertaria –respondía Malén ajustándose el delantal y poniéndose manos a la obra con Dori y Wis como aprendizas. Digan lo que digan los tópicos valencianos, el secreto de una buena paella consiste en sofreír el arroz y en tener un caldo excelente.
-Lo que necesitamos es acción y menos teoría –añadía Eulalia, enfrascada en su nueva cámara. Por cierto, ¿alguien sabe dónde está Lara? -siguió preguntando. 
-Hemos de esperarla para que participe, ahora mismo llegará -respondió Lu.
-No están trasnochadas esas ideas –aclaraba Amparo, a quien impedían redactar extensamente, pero no así leer, discutir y opinar.
Marige y Fina leían todo el día como posesas y en papeles y hojas sueltas iban intercambiando ideas con Amparo, Wis, Dori, Asun, Eulalia y las demás, tomando nota de todo lo que allí se decía. 
Querían que su programa fuera tan breve como los micros que escribían y que solo consistiera en cuatro ideas igualitarias que la historia había abandonado y ellas querían resucitar. 
-Hemos de resumir que ya te estás alargando hoy demasiado, Malén, -la cortaron todas.
"-Risas, muchas risas.
  -Felicidad, mucha felicidad.
  -Ilusión y entusiasmo.
  -Sueños, muchos sueños…"
Porque una población que no posea la fortuna de soñar, reír e ilusionarse -pensaban- se torna infeliz, sombría y desdichada.


Confianza


Aquellos atardeceres rojos eran un embrujo para sus sentidos, la hechizaban, la hacían sentirse parte de aquel impresionante paisaje que la rodeaba y dejaba sin habla, como una mota de arena de aquel infinito desierto. Ninguna de sus tareas como cooperante de Naciones Unidas, experta en extremo Oriente, la hacían sentirse mejor que la contemplación de la retirada del sol cada atardecer, cuando una difuminada luz de colores indescriptibles iba dando paso a la limpia oscuridad de aquellos cielos estrellados. Era su momento mágico de comunión con la naturaleza, en el que percibía que a pesar de la inmediatez de la vida y de todos sus pesares, algo muy grande  la embargaba. Era entonces, y solo entonces, cuando pensaba que no todo estaba perdido en el mundo actual y que entre los millones de personas de buen corazón se podía contribuir a mejorar las condiciones de vida de los países necesitados.  Era una exigencia natural y la fuerza de la naturaleza se lo merecía. Su confianza en la humanidad  la susurraba a los cuatro vientos.

domingo, 30 de octubre de 2011

Limpieza





Se levantó temprano como era su costumbre. Quería acabar  la colada de la ropa de invierno que pronto iba a necesitar. El pan ya estaba en el horno. Había llovido durante toda la noche y el viento arrastraba las hojas caídas de los árboles, produciendo un sonido que le recordaba el siseo de las monótonas letanías religiosas. Pondría en marcha la secadora. Salió al jardín a contemplar cómo amanecía el día con la taza de café en la mano. Aún era de noche. Un ruido irreconocible la dejó sin aliento. Vio el brillo de unos ojos que la contemplaban agazapados tras el seto. Solo se percató de que iba muy sucio. Ya no tendría que lavar ropa nunca más.

"Cómo se pasa la vida..."






“Cómo se pasa la vida…”
Mientras el coche la lanzaba por los aires, las imágenes de toda una vida pasaron por su cabeza en unos breves segundos. Le dio tiempo a creer que igual ya no la contaría más. Notó una angustia atrapada en su interior y vio a sus padres cuando ella era una niña. Creyó que se reuniría pronto con ellos. Pensó que no llegaría a la hora acordada para ir a la playa y sus amigas se quedarían esperándola. A ella no le gustaba retrasarse. “Me mato, me mato, de esta no salgo”.
Después el aterrizaje, el golpe, el dolor con la cara pegada al asfalto, sin tiempo para reaccionar, ni parar de alguna manera el impacto. La moto quedó tirada, retorcida, pero ella en aquel momento se encontraba entera. Pensaba, estaba consciente, sentía su cuerpo dolorido y no había visto el túnel. Aún no era el momento. Por fortuna ningún otro coche le pasó por encima. Pronto vinieron a socorrerla los ocupantes del vehículo que tan ágilmente había sobrevolado y la llevaron a la Cruz roja.
La recuperación del brazo roto y la cara fue lenta, muy lenta. Los días se hacían eternos,  apenas podía moverse, ni salir de casa. Tenía la cara desfigurada.
Tras aquel accidente, se sucedieron los años veloces como un soplido. Recordaba aquellos momentos en los que el tiempo se queda congelado, prisionero de recuerdos, momentos felices que pasan vertiginosos, y los horribles, que su mente había desechado para no se instalaran en ella.
Desde la distancia, le parecía que la vida había pasado muy rápida, tanto que, apenas había tenido tiempo de aprehenderla y ya huía, resuelta, de ella. 

lunes, 24 de octubre de 2011

Esclavas de piedra



Nadie conocía su secreto. Al anochecer, cuando cerraban el palacio, abandonaban su posición, a menudo un poco hierática y hacían pequeños estiramientos, despacio primero y siguiendo un orden cósmico: cabeza, brazos, manos, piernas y espalda. Se desataban los lazos que sujetaban sus largas melenas y se desprendían de los pliegues de sus ropajes, para lanzarse todas juntas a unas correrías sin freno por los jardines circundantes. Danzaban, reían y se abrazaban al son de una música maravillosa que procedía del mar. Soñaban que eran humanas. Entre risas comentaban los sucesos del día, qué visitante se había atrevido a tocarlas y cuántas fotos les habían tomado. No, no eran ninfas, tal vez no recordaran su origen, pero Selene no se atrevía a reflejarlas.

El convidado

Me enamoré perdidamente de todas en cuanto las vi. No me lo pensé dos veces, quería pasar el resto de mis días junto a ellas y respirar su mismo aire. Me desvestí, me coloqué una túnica que encontré tirada,  cogí mi iPad 2 en mi mano derecha,  en lugar bien visible, cercano al corazón y me situé el último en la fila, anhelando convertirme en  inmortal.