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viernes, 31 de agosto de 2012

Afectos rotos




Al levantarse cada mañana, tras el desayuno, iniciaba su tarea: repasaba mentalmente todo lo que había hecho y dicho el día anterior, sin dejarse una palabra. Tal esfuerzo requería mucha concentración por su parte. Se llegan a decir y a omitir muchas cosas a lo largo de una jornada. Después, iba al botiquín y empezaba a curar todo lo que se había malogrado por su intervención: una tirita para su compañero, a quién había herido sin necesidad; un poco de yodo para aquel vendedor, que no tenía la culpa de que los precios subieran tanto; un toque de pomada antihistamínica para la relaciones del banco, ella no era la causante del descalabro financiero… Y así, con todos los afectos reparados, se sentía mejor y empezaba una nueva jornada.