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martes, 17 de julio de 2012

La voz de la caracola



Sabía que se podían escuchar voces que susurraban palabras solo con acercártela al oído. Lo narraban los marinos. El día en que por fin encontró una caracola abandonada en la orilla, miró al horizonte y comprendió que le estaba predestinada. Procedía de tiempos muy lejanos y una música atenuada salía de  su interior. Bellas voces cantaban acompañadas del laúd, el rabel y el tambor.
La puso junto a su boca y entonó una melodía como solo saben  hacerlo las sirenas; al acabar, la sumergió de nuevo en el mar para que siguiera fluyendo la sabiduría.

Sueños cruzados



Aina escribió unos versos en un papel y los introdujo en el interior de una botella que lanzó al mar de la isla donde vivía. Soñó que sus palabras, como osadas navegantes, surcarían los mares lejanos.
Pasó el tiempo, y en otra orilla, Ahmed, mientras ayudaba a su padre con la barca,  vio una botella que contenía un mensaje, flotando sobre el agua. Llegó a su casa e intentó descifrarlo.
“El mar, puente entre culturas; mis palabras, alas para tu libertad…”
-¡Inshallah! -y guardó el escrito en su corazón como el más preciado tesoro.