sábado, 19 de noviembre de 2011

“Sin contemplaciones”


Llovía tanto y tanto que me pilló totalmente desprevenida. Una gota fría como lo llaman ahora. La cuestión es que el perro tuvo que abandonar su espacio vital -el patio- y cobijarse en una cesta en el interior de la cocina. ¡Menos mal que mi chucho es pequeño!
Pasó mi vecina de urbanización, la Pili, a tomarse un café conmigo porque debía de estar aburrida, dejándome tras de sí el suelo inundado y me dijo:
-Esto no es plan, Mari,  el Tito, no puede quedarse aquí dentro, no es nada, pero nada profiláctico.
 A mí, personalmente, la higiene me la trae al pairo. No quise replicarle y la dejé parlotear sobre las cien mil enfermedades que podría acarrearme. La Pili se hace la fina conmigo y me estaba poniendo mala malísima de escucharla, tanto taladrarme, así que la despaché sin miramientos.
Mi Tito es mucho Tito, es el perro más borde que conozco, y no está bien que yo lo diga, pero procede de una familia desestructurada y lo encontraron los funcionarios de la perrera solo y vagando por las calles. De ahí su extraña afición a irse de pendoneo y escaparse a la mínima que te descuidas.
La cosa es que con tanta lluvia, aunque la casa se me caía encima, yo estaba que me subía por las paredes, y para más inri, la novela esa del Cela que me había encontrado, me estaba poniendo de los nervios y el Tito que no paraba de lloriquear, así que se me fue la pinza, le abrí la puerta de la calle, y a pesar de que caían chuzos de punta, le ordené: ¡aire, a ventilarse tocan!
Nunca más regresaron  a mi casa a darme la murga, ni el Tito ni la Pili.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Insomnio


Regresó a su infancia, a su pueblo de casas grandes, donde las ventanas eran ojos y parecía que tras los balcones te espiaran. Nunca pudo conocer todos los secretos que allí se guardaban.
Despertó entre unos cálidos brazos que le resultaban muy familiares. Su padre la sostenía como cuando era una niña.
-“No pasa nada, mi amor, solo ha sido una pesadilla” -le decía al tiempo que la acunaba.
De nuevo se encontraba en la cama y en la habitación de su niñez. Su padre, que  hacía tantos años ya que había fallecido, estaba junto a ella, calmándola. Se sentía ingrávida y cristalina.
-Seguro que es esto la muerte -pensó-. ¿Seré yo un fantasma?
Los visillos se movían y sin rozar apenas el suelo, se asomó a la ventana…

Imposible


Cuando el alto ejecutivo se encontró con su contrato rescindido sin preaviso, no solo se quedó sin trabajo, sin casa y sin su deportivo favorito, sino también sin alma. Había hipotecado su vida y ahora no tenía otra de repuesto.
Se trasladó a una cueva en la montaña, símbolo de su vacío interior, con la consigna vital de intentar sobrevivir al margen de la sociedad.

Únicamente duró una semana.

martes, 15 de noviembre de 2011

A mis compañeras de V.E.




Las mujeres de VE. contaban con una larga trayectoria política a sus espaldas. Estaban hartas y desengañadas como mujeres y ciudadanas. Antes de constituirse en grupo electoral echaron de casa a sus maridos, amantes y novios. No, mejor todavía, se fueron ellas todas juntas, así sus compañeros tuvieron que ocuparse de todo aquello que durante años habían desatendido. 
 Daba gusto verlas en su nueva casa del Pensamiento:
-Lucrecia, maestra, pásame el libro de Habermas, que no recuerdo lo que dice el filósofo sobre… -Esa era Yolanda-.
-Ya estaba todo en Aristóteles –contestaba la susodicha mientras se conectaba en la red con otras insatisfechas.
-El concepto de ciudadanía ya se hallaba en Grecia -seguía replicando Lu. 
-No somos tan antiguas –decía Asun mientras se tomaba el té en una tacita de porcelana de Limoges, procurando que no le goteara sobre los árboles de la pantalla abierta.
-¿La paella de hoy de qué toca? –preguntaba Fergal.
-Creo que hoy nos toca la libertaria –respondía Malén ajustándose el delantal y poniéndose manos a la obra con Dori y Wis como aprendizas. Digan lo que digan los tópicos valencianos, el secreto de una buena paella consiste en sofreír el arroz y en tener un caldo excelente.
-Lo que necesitamos es acción y menos teoría –añadía Eulalia, enfrascada en su nueva cámara. Por cierto, ¿alguien sabe dónde está Lara? -siguió preguntando. 
-Hemos de esperarla para que participe, ahora mismo llegará -respondió Lu.
-No están trasnochadas esas ideas –aclaraba Amparo, a quien impedían redactar extensamente, pero no así leer, discutir y opinar.
Marige y Fina leían todo el día como posesas y en papeles y hojas sueltas iban intercambiando ideas con Amparo, Wis, Dori, Asun, Eulalia y las demás, tomando nota de todo lo que allí se decía. 
Querían que su programa fuera tan breve como los micros que escribían y que solo consistiera en cuatro ideas igualitarias que la historia había abandonado y ellas querían resucitar. 
-Hemos de resumir que ya te estás alargando hoy demasiado, Malén, -la cortaron todas.
"-Risas, muchas risas.
  -Felicidad, mucha felicidad.
  -Ilusión y entusiasmo.
  -Sueños, muchos sueños…"
Porque una población que no posea la fortuna de soñar, reír e ilusionarse -pensaban- se torna infeliz, sombría y desdichada.


Confianza


Aquellos atardeceres rojos eran un embrujo para sus sentidos, la hechizaban, la hacían sentirse parte de aquel impresionante paisaje que la rodeaba y dejaba sin habla, como una mota de arena de aquel infinito desierto. Ninguna de sus tareas como cooperante de Naciones Unidas, experta en extremo Oriente, la hacían sentirse mejor que la contemplación de la retirada del sol cada atardecer, cuando una difuminada luz de colores indescriptibles iba dando paso a la limpia oscuridad de aquellos cielos estrellados. Era su momento mágico de comunión con la naturaleza, en el que percibía que a pesar de la inmediatez de la vida y de todos sus pesares, algo muy grande  la embargaba. Era entonces, y solo entonces, cuando pensaba que no todo estaba perdido en el mundo actual y que entre los millones de personas de buen corazón se podía contribuir a mejorar las condiciones de vida de los países necesitados.  Era una exigencia natural y la fuerza de la naturaleza se lo merecía. Su confianza en la humanidad  la susurraba a los cuatro vientos.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Una gran familia



-Este gordo ocupa mucho lugar  -exclamó quien parecía que llevaba la voz cantante.
-Además,  todos estábamos  cómodos -dijo otro bien menudo.
-¡Yo casi no puedo respirar! –añadió uno diferente.
-¡Basta! Tendremos que apretarnos -expresó el mediador- pero, voy a conocer a nuestro nuevo compañero. Hemos de presentarnos, no hay que olvidarse de la cortesía. Al fin y al cabo vivimos todos juntos.
-¡Buenos días, amigo! ¿De dónde procedes? ¿Cuál es tu nombre?
-¡Buenos días! -respondió el recién llegado, con una voz grave y profunda-. Pues verás de la Feria. Soy ruso. Mi nombre es “Guerra y paz”.

Sueños de colores




Guatemala es un país lleno de color, el verde  se impone sobre los huipiles de flores de los trajes de las mujeres mayas y sobre el intenso azul del cielo. Sueño con los atardeceres rojos reflejándose en  el lago Atitlán,  las montañas de milpa, los volcanes y la selva de Tikal.  El ajetreo de sus mercados con olor a  resina, las máscaras de animales fantásticos, los santitos de cartón piedra de sus iglesias, y sobre todo, sueño con sus gentes. Gentes que te lo dan todo, cuando no tienen nada.
Sueño en  volar a bordo de ese avión con un cargamento de ilusión y esperanza en un mundo mejor para los habitantes del país más hermoso que conozco.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Los olores de las cosas





En las enciclopedias de cuando éramos niños se guardaban los aromas a lápiz y a goma de borrar, a la tinta china que siempre lo manchaba todo; al plástico de la cartera y del estuche de  lápices y a los cuadernos que viajaban en ella; al bocadillo,  que nos preparaban en casa para el recreo. Entre sus páginas de bordes rizados como los rulos que ponían a las señoras en la peluquería vivían las ilustraciones de las células y del cuerpo humano. Los gatos y rumiantes que pastaban tranquilamente, a sus anchas. Todo un mundo de recuerdos encerrados entre sus páginas.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Penas históricas



Mi padre estuvo preso tras la guerra civil en la cárcel de Alicante, era un republicano convencido y joven, muy joven. Contaba anécdotas que vivió junto a  sus compañeros de celda. Nos hablaba también de Miguel Hernández,  prisionero en las mismas fechas. De lo fina  y endeble que era la amistad que allí se fraguaba, dado que unos iban desapareciendo  para ser fusilados y aparecían otros.
Cada vez que tomaba la palabra, nosotros, los pequeños, enmudecíamos. Ya sabíamos que su voz se iba a quebrar entre sus recuerdos, conforme avanzaba el relato, para ser sustituida por un llanto desconsolado e interminable. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Desarmado




Y nada más existió hasta el próximo tren. Quería alejarse inmediatamente de aquella maldita ciudad y del  sueño irrealizable que tú habías representado. Tenía que aceptar cómo le habías enredado en toda aquella maraña de mentiras. Y él te había creído. Salió al andén y paseaba arriba y abajo sin alzar la cabeza del suelo. En la cartera, bien sujeta en su mano, guardaba las pruebas que te comprometían. Iba a desenmascararte, no lo dudabas. Pero no lo vio llegar, ni a ti tampoco. El pequeño empujón lo pilló desprevenido. Seguiste caminando rápido, como si nada.