miércoles, 26 de junio de 2013

Paseo imaginario


Un miedo irracional la invadía cada vez que tomaba el metro, así que procuraba evitarlo. Aquel submundo en las entrañas de la tierra poseía una red urbana de pasadizos, galerías, pisos y niveles que constituía por sí solo otra entidad paralela a la exterior. Cualquier día se derrumbaría todo ese entramado y quedarían atrapados en él. Fantaseaba con su claustrofobia. Sin embargo hoy, la atmósfera del vagón era  diferente, como  salada y marina. Daba gusto respirar profundamente sin inspirar ese tufo tan característico de los metropolitanos. Parecía el aire de los paseos junto a la playa, sentía los pies frescos y una suave brisa allende los mares envolvió a los extrañados y curiosos pasajeros. 
Decidió aprovechar el viaje. Se quitó la ropa, los zapatos y se dedicó, sencillamente, a disfrutarlo.

domingo, 2 de junio de 2013

Un despiste imperdonable



Aquel hombre aparecía cada atardecer. Seguro que llevaba alguna copa de más, su andar zigzagueante lo delataba. Jamás levantaba la vista del suelo, se situaba frente a las vías y esperaba. A mí, como buena hacedora de cuentos, me gustaba creer que cumplía una especie de ritual o penitencia. Parecía tan desdichado…
Vendía los billetes confinada tras la ventanilla interior de la estación y desde allí divisaba la panorámica completa del andén. Mi fantasía volaba imaginando la vida de cada uno de los que pasaban junto a mí. Era mi juego favorito, el que me alejaba de la época que me había tocado vivir. Siempre les daba un final feliz, aunque la de aquel individuo se me resistía. Fantaseaba con que era  un músico de jazz arrepentido por haber abandonado a su mujer, a quien ahora aguardaba a diario, y así, mientras recomponía su imaginaria trayectoria vital, no me percaté del momento preciso en que él la finalizaba. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Sueño reparador


Se estremeció. No era consciente de que la madrugada entraba por la ventana abierta, y se arrebujó sola entre las sábanas de hilo con puntillas que su madre le había bordado. Se las llevó hasta la nariz. Le encantaba su tacto y su aroma, fresco y suave. La devolvía a las orillas de ese mar del que tan poco podía disfrutar. La espuma le curaba las heridas invisibles. Se sentía sirena y náufraga, pirata y aventurera capaz de cualquier hazaña. Sus sueños se poblaban de lances y grandes barcos de vela, mientras la ingravidez se adueñaba sin permiso de su cuerpo y las olas la acunaban. Todo era de color azul turquesa. Se iniciaba el verano.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Hogar, dulce hogar



El día en que la caravana decidió no arrancar más, se quedaron en aquel lugar para siempre. Habían llevado una vida nómada cruzando estados y pueblos de costa a costa, sin parar jamás. Vivían de la guitarra de él y de la voz de ella, conciertos para animar los locales a cambio de comida y unos pocos dólares. Pareja en la vida artística y en la realidad. Espíritus libres que habían recorrido más kilómetros de los que sus huesos podían recordar. Los ideales de la  generación beat habían  sido los suyos. Ahora, en la recta final, definitivamente merecían un descanso y con el sedentarismo -pensaban- se iniciaba el tránsito hacia una nueva vida.

jueves, 25 de abril de 2013

UNA VIDA, un viaje







Ya había alcanzado esa edad en la que nadie se fijaba en ella y se sentía transparente.  La vio en un escaparate, iluminada desde su interior. Su color oro pálido y resplandeciente al mismo tiempo, le evocaban las arenas del desierto. La compró y la instaló en su mesa de trabajo, junto a los recuerdos más queridos. El azul de los océanos la transportaba a viajes surcados por embarcaciones a vela y mares llenos de aventuras. Rodaba la bola y su dedo índice se desplazaba por lugares remotos. Ahora sí empezaban de verdad sus sueños en solitario.

sábado, 23 de marzo de 2013

Tópicos no tan literarios

                                                                                                                                  PAULA IACOB 
Las personas eran felices, y no era un cuadro ni un sueño. Cultivaban sus huertos e intercambiaban los productos para poder vivir sin preocupaciones. Las lunas, el sol, los cambios de estación y las cosechas eran las leyes naturales que regían su visión del mundo. Cocinaban, tejían, escribían cuentos y los narraban, tocaban instrumentos musicales y bailaban y cantaban al son de sus melodías. Trocaban los  excedentes de producción y no tenían ninguna preocupación monetaria, dado que no hacían uso del vil metal. Habían conseguido vivir bajo el viejo tópico del  locus amoenus y encuadrar su existencia bajo sencillas reglas pastoriles y bucólicas, respetadas por toda la comunidad. Aquello que los clásicos preconizaban como ideal, era tan real como la vida misma. Se trataba de creer que otro mundo era posible y allí, en aquel lugar sin bancos, salarios ni capitales, todos lo creían y lo disfrutaban. Vivían contentos y gozosos. 

viernes, 15 de marzo de 2013

Mujeres soñadoras, sobre fotos de Elena Vizerskaya


Harta de que no la dejaran gozar desnuda en la naturaleza,  cogió un trozo de prado verde y se hizo con él un vestido. Su cuerpo olía a frescor matutino. Los pájaros, el cielo y el aroma de las plantas silvestres seguirían haciéndole compañía, mudos y omnipresentes. El  viento era un susurro de chal transparente.

Un sinnúmero de manos la rodeaban y acariciaban. Pensaba que todo era un gran sueño y, por si acaso, ni se movía ni respiraba, para que no se desvanecieran las múltiples sensaciones placenteras con el despertar. Las manos bromeaban con su cuerpo convirtiéndolo en estatua o en ave de grandes alas. Eran manos amigas, que la apoyaban y mimaban como si su único objetivo fuera hacerla gozar.

jueves, 28 de febrero de 2013

Puntadas al tiempo



Le seguían gustando las costuras de su antigua máquina de coser, esa que no cambiaba por nada. Se sentía cansada como ella, demasiados años trabajando y escasos cuidados. Compañeras ambas. En cada puntada, un suspiro. Ya le faltaba poco para terminar. En realidad esa anciana de aspecto bonachón escondía un secreto: cosía sus recuerdos para que no se le olvidaran. Primero los enganchaba con alfileres, después los hilvanaba y, cuando ya estaban todos bien sujetos, pasaba las costuras. Los remates a mano, para que no se deshicieran nunca las puntadas. Había ido guardando los tejidos que componían su vida y la de sus seres queridos que ya no estaban. Y ahí se encontraban todos juntos como los países de un mapa: recortes de bodas, bautizos y funerales. El vestido de medio luto, el de desahogo y los de colores de entretiempo y  verano. Imágenes y memorias que se iban aflojando, como la canilla de la máquina tras largo rato de labor, pero ahora ya no le importaba, siempre tan hormiguita trabajadora guardándolo todo. Finalmente lo iba a conseguir, llegaría a tiempo de dar un último pespunte al tiempo.


sábado, 23 de febrero de 2013

Velocidad / Felicidad


¿Por qué pisas a fondo el acelerador? Nunca te han gustado las grandes velocidades; es más, te da mucho miedo cuando conduce otro y lo hace algo rápido. Y ahora, como una loca. Desde que circulas sola por todos lados, pareces una suicida. Dando discursos a los lerdos para que espabilen y tú, orgullosa de lo bien que lo haces. ¡Y gracias a la existencia de los aviones! Está claro que andas acelerada, pero ¿es necesaria esa carrera por la cuerda floja jugando con el destino? ¿Intentas demostrarte lo valiente que eres? Además, ¿por qué has de pensar siempre en el poco valor de una vida? Las de Auschwitz, menos que una bala, y en las aldeas guatemaltecas, similar al precio de una gallina. Aunque desconoces los marcos y quetzales que cuestan tales operaciones, para poder comparar diferencias de valor vital, que seguro tendrán que ver con el desarrollo. Venga machacarte con eso; ya para, piensa en positivo, mira que te lo digo y tú ni caso, el lado bueno de las cosas y tira millas. Y ya me explicarás ese afán por reírte sin más de todo, ¿Tan importante te parece compartir risas como una boba? Eso sí que es un claro síntoma de tu desquicie. ¿Acaso, te crees tan lista que piensas que nada tiene sentido? Te lo deberías mirar, ya te han dicho todas, todas, que pidas ayuda a una sicóloga. Pero tu nada, erre que erre, prefieres salir y circular con el coche.