domingo, 13 de enero de 2013

No estaba allí

Pol Úbeda Hervás
Se descalzó y la sombra ocupó su lugar, realizando todo lo que él había soñado y no osaba hacer realidad.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La bombonera



Desde hace poco tiempo vivo en una cajita de bombones. Me trasladé a ella cuando la vida me asestaba unos espaldarazos tan tremendos que me dejaban sin aliento. Decidí que ya estaba bien, que la supervivencia personal era lo primero. Me relamo de gusto con los rellenos de trocitos de avellanas, que acompañan mi café al iniciarse el día. Y salgo a la calle feliz, sin la mente obturada por tantas realidades negativas. Me enfrento a mi jornada relativizándolo todo pues sé, que al final de mis andanzas por tantos sinsabores, me espera ese lugar mágico y acogedor, ofreciéndome aquellos intensos aromas que me conducen a soñar y a vivir siempre en un pedazo dulce de cielo.

martes, 27 de noviembre de 2012

Obsolescencia



Le sirvió el wisky y se sentó junto a él. Le encantaba contemplarlo embelesada mientras elaboraba sus  rápidos bocetos sobre cualquier papel que encontrara. Mientras, le iba explicando muy concentrado,sus ideas sobre ellos. Todo le parecía bien, aunque no entendiera demasiado. Al fin y al cabo, él era el artista reconocido. ¿Qué sabía ella de luces, tonos y contrastes; pigmentos y acrílicos? Era la estrella invitada y lo adoraba. Participaba desde el principio en el proceso creativo de su compañero como una musa llegada desde cualquier pliegue de su brillante cerebro. Sabía que eso tenía un precio: sumisión total y absoluta a su voluntad, aunque no le importaba. Seguiría siendo la inspiración de su obra, mientras la fascinación  que él sentía por sus curvas durara.

martes, 13 de noviembre de 2012

Como un fuego mudo





Así te sentí yo cuando tras treinta años de vida en común me dijiste, o mejor te arranqué, que me dejabas por otra, sin más. Jamás hubiera imaginado que la convivencia fuera una competición… Pasé a ser tu ex con un simple chasquido de dedos. Me quemaste el corazón y todo nuestro pasado y vida en común quedaron reducidos a cenizas. Ha sido una traición por tu parte. No quiero que seas mi amigo, ni los peores enemigos asestan estos golpes tan bajos. No sé cómo expresarlo, no hay palabras para el abandono. Necesito que alguien recoja mis cenizas y las esparza en algún lugar que tú no pises nunca.

martes, 6 de noviembre de 2012

Siempre estupenda



Llevaba la faja puesta día y noche, le llegaba hasta el pecho y se veía como un figurín. No podía vivir sin ella, constantemente admiraba su figura de top-model y se sentía feliz. Ni siquiera se la quitaba para  dormir, quería estar guapa a todas horas. La cuidaba como a su propia piel, se duchaba con ella, la hidrataba y la secaba con mucho mimo y cuidado. 
El día en que la vio algo ajada, se la quiso sacar y no supo prever sus nefastas consecuencias: se ahogó entre sus propias y resentidas carnes.

Las alberquillas: Un trocito del paraíso



La casa de mis amigos es una atalaya, rodeada de bosques de robles, en las estribaciones de los Montes de Toledo. Llegar aquí  y respirar alegría, cordialidad y amistad, y sentirte mejor que en tu propia casa, es todo uno. El mágico Piélago y las monumentales rocas graníticas observan a sus moradores desde una situación privilegiada.
En su interior se han rodeado de todo lo que más quieren,  pasado y presente; un auténtico y cálido hogar repleto de recuerdos y de historia. En cualquier sitio donde se pierda la vista encontrarás una nota de color, un trabajo o cualquier otro motivo al que han dedicado horas y esfuerzo. 
Pero lo mejor de ella son sus dueños, que comparten todo lo suyo haciéndote sentir feliz de inmediato. Dejarás tu huella formando parte de ellos, mientras dure tu estancia, y querrás volver antes de lo  imaginable  porque ellos formarán parte de ti, de tu corazón y de ese pedacito de felicidad terrenal que se llama amistad. 

domingo, 21 de octubre de 2012

Luces


Los farolillos de papel iluminaban las oscuras entradas de calles y casas con una multitud de luciérnagas en su interior.  Ada lo llevaba entre sus manos para que nadie tropezara con ella. Se asomó como cada noche al camastro donde su padre estaba echado. Le preguntó si necesitaba algo y cómo se encontraba. Él siempre le contestaba que nada, no obstante le ahuecó el lecho y le calentó la sopa. Lo dejó dormido apaciblemente hasta una nueva mañana, se despidió de él y regresó a su casa. Por el camino, miró al cielo y apagó el farol, las brillantes estrellas la guiaban. 

sábado, 20 de octubre de 2012

Nuestro mar



Día de otoño frente al mar, lluvia, playa de San Juan, larga, desierta a estas horas matineras y hoy, gris. Paseo solitaria bajo el paraguas y pienso que esta es mi orilla, la de mi infancia, que aquí está mi lugar, aunque también en la otra más plácida donde habito. Entre ambas el mismo mar, cuya fuerza resuena con un ruido estremecedor y ancestral. Recuerdos de cuando nada era  así y mi padre plantaba la sombrilla en la arena el diecinueve de marzo hasta nueva orden. Los niños buscábamos regaliz de palo entre los matorrales. Aún no había llegado la colonización urbanística. Con nuestros bañadores de gomitas y burbujas, que el mar se encargaba de desgastar, nosotras; y ellos con sus meybas grandes y piernas de palos, éramos piratas y exploradores, pocas veces princesas. Al llegar el verano y el calor, recogíamos nuestros pertrechos y abandonábamos nuestro mar. Recalábamos en la Aitana en busca de días más frescos a la sombra de las montañas. Noches de tertulias vecinales con las sillas a las puertas de las casas, para los mayores. Nosotros, vivíamos en un sin parar: bajábamos al pantano a recoger ranas y juncos para flechas, trepábamos a los árboles, baños en balsas y moratones en las rodillas, paseos en burro y meriendas entre pinares y fuentes. A lo lejos, desde las cimas, lo veíamos siempre azul y sabíamos que nos aguardaba.

lunes, 1 de octubre de 2012

Un pedazo de cielo desde la ventana


Las nubes de formas caprichosas pasan veloces, empujadas por el viento. Es tiempo de tormentas.
-¡Mamá!, mira esa nube tan bonita, es una familia de cachorros.
-Sí, hijo, sí.
-Y por allí va la Reina de los mares, la del cuento. ¿La ves?
-Claro que sí, cariño. La veo con su largo traje blanco de espuma de algodón, es muy bella.
-¿Y por qué no nos montamos en aquel barco tan grande que llega y nos vamos a buscar a papá? Ya no me acuerdo de su cara.
-Él no está en ese cielo, mi amor, no lo encontraríamos.
Los recuerdos descienden y se agolpan en ondas de lágrimas que resbalan por su cara.  Se las ha de tragar. La diversión de contemplar juntos el firmamento por un rato se acaba cuando la tormenta cierra, de un golpe, la ventana.