domingo, 9 de marzo de 2014

Para mi amiga María Salud


Reconocimiento
Es tiempo de hacer una pausa en nuestro trayecto vital imparable, de respirar profunda y serenamente y pensar en: 
Agradecerle a la vida todo lo que nos ha dado y aquello que con tanto esfuerzo hemos conseguido. 
Agradecer las familias que hemos creado. 
Agradecer que ambas seamos mujeres, luchadoras y orgullosas de serlo. 
Agradecerte que seas sensible, alegre, optimista y jovial. 
Agradecer las amistades comunes. 
Agradecer que nos encante leer e imaginar tantos lugares y vidas distintas, para poder vivirlas un poquito como si fueran nuestras. 
Agradecer que nos guste soñar y gozar con pequeñas cosas, entusiasmarnos y seguir pensando que otros mundos son posibles. 
Agradecer que nos gusten las sorpresas y también, planificar viajes. 
Agradecerte que me hayas enseñado colores, músicas y canciones. 
Agradecerte que hayas compartido conmigo tanto tiempo de nuestras vidas. 
Agradecerte la seguridad que me ofreces al tenerte como “mi amiga” y poder contar contigo siempre, en los buenos y malos momentos. Y tantas otras cosas que se me olvidan, seguro, en el tintero, pero ahí están, como el poso en los vinos con solera. 
No te muevas sin mí, no avances ni cambies, espérame que te pillo enseguida, quédate ahí; ahí, porque aún nos faltan unos cuantos años… para seguir recorriendo juntas el camino. 
                                                                                                               Te quiere,                                                                                                                                          Malén

lunes, 25 de noviembre de 2013

ALAS






Taciturna andaba por la vida, envuelta en pensamientos negros como arañas. Las palabras  no pronunciadas son las que más hieren. Invade el terrible silencio de lo no dicho. Deseaba cobijarse en palabras joviales que  la despojaran de patéticas disculpas recurrentes.
A Soledad ya la conocía, a Desamor también. Muy lejos distaban Compañeros, querida siempre e Ilusiones, tan apreciada. Se dejó acompañar por Imaginación y en su peregrinaje hacia Felicidad, abandonaron a Tristeza en tierra y le dieron la mano a Alegría.
Juntas sobrevolaron las críticas nubes de tormenta y llegaron a un trozo de cielo límpido. Allí  inauguraron el Albergue de las palabras heridas. Compartir fue la  primera en llegar, y tras ella: 
Amistad, Libertad, Amor y Sueños.

Taciturna cambió su nombre.

martes, 15 de octubre de 2013

El arte de cruzar las calles en Vietnam en RELATOS DE VIAJERAS



Parece que según las estadísticas Ho Chi Min city tiene siete millones de habitantes, de los que cuatro millones y medio circulan en motocicleta. Estas tienen en algunas calles, carriles exclusivamente destinados a ellas. Pero lo normal es que estén por todas partes, e incluso cuando hay atasco se suben en las aceras. Saigón es una ciudad tomada literalmente por las motos. Hay una moto por cabeza y está dentro de lo corriente que las aparquen en el interior de las casas, entre las mesas de los bares etc. La cuestión es que atravesar la calle, cuando apenas hay peatones que se atrevan, ya que todo el mundo va en moto (excepto cuatro turistas pardillos como nosotros) es una hazaña casi suicida.
Hay que tener en cuenta que jamás se paran, y que las normas de circulación de nuestra tierra, aquí no se usan. Se meten en contra dirección, jamás ceden el paso, se incorporan a cruces o rotondas sin mirar... Dado este contexto lo que hacemos nosotros es pararnos en fila de tres [mi hermana, Loren y yo] cual filà * de marcha mora y al grito de: ahora, ¡al centro! iniciamos nuestro peligroso movimiento durante el cual, se me agarra del brazo alguna viejecita que se nos incorpora a la filà al ver nuestra decisión. Entonces yo la suelo coger del codo y la tranquilizo, para que no se preocupe, dominando la situación, vaya. Mucho mejor es cuando vemos a lugareños que también lo intentan y rápidamente nos ponemos detrás de ellos, en este caso se llama comparsa y vamos más tranquilos. Y siempre, siempre con mucha seguridad nos plantamos en el medio de la calle y respiramos  profundamente, pues intentan atropellarnos en todas las direcciones. Seguimos avanzando, dominando el tema y a veces, Loren estira su brazo largo y alto, y les indica que no nos pisen, que vayan por detrás. Y como tiene el brazo en cabestrillo, impone respeto y le hacen mucho caso y el resto de la filà avanzamos con él a su paso. !Rey moro mío! Le falta el puro y la barrigota. Y con semejante tranquilidad de espíritu llegamos al otro lado de la calle, donde todo es risa y alborozo. 
*  Ya sabéis nunca india, sino la del Paquito el Xocolater.

viernes, 23 de agosto de 2013

Trastornos





Tal vez no tuviera un buen sillón en su niñez -esa etapa tan decisiva y que nadie nos revela en su momento- o tal vez creyera que sus amistades se ampliarían si se sentían o sentaban más cómodas, aunque tampoco se le conoce ninguna; la cuestión es que así como algunas personas padecen el síndrome de Diógenes, el sujeto que nos ocupa atesoraba sofás, únicamente sofás. De los pequeños pufs de sus inicios pasó a los modulares y a las gigantescas chaises longues. Cada vez que alguien decidía cambiar de tresillo, él se ocupaba de llevarse el antiguo rápidamente. No le importaba el peso, el montaje, ni la carga y descarga, ya que siempre lo hacía feliz y contento. Los clasificaba por modelo y color y ocupaban todas las estancias de su domicilio. No había más muebles porque no cabían, así que en ellos comía, leía, escribía, soñaba, se vestía, se desnudaba  y dormía. Si su cabeza está rellena de miraguano, plumón o gomaespuma aún lo desconocemos, pero el día que llegó a nuestro centro, tan desnudo de muebles y aséptico, no quiso permanecer en su dormitorio sino que estuvo todo el tiempo cambiando de asiento, nervioso e irascible. Apostamos por una   nueva patología a la vista de su protocolo: el síndrome comodón-compulsivo.

domingo, 18 de agosto de 2013

GALLINA VAA!!!!!!!


Soy la encargada de dar de comer a las gallinas de mis amigos que andan de viaje por el mundo; ellos, ya que las susodichas solo viajan por el huerto. Nunca pensé cuando gustosamente me ofrecí, que semejante tarea engendraría tan alto riesgo. En cuanto entro en el corral les echo -para que se entretengan y vayan picoteando- los desperdicios que les llevo, ya que son unas grandes recicladoras, y todo les gusta, que eso sí lo tienen. Pero ellas hacen caso omiso de mis buenas intenciones y huyen despavoridas a la casita que tienen con sus cestos y sus palos para colocarse, es decir, a lo que sería el estricto gallinero-dormitorio. Allí se encuentran los sacos de pienso, la tolva que yo debo rellenar y otros útiles cuyo nombre desconozco. Y ahí empiezan mis infortunios. Excuso decir que el lugar es muy pequeño y que a ellas les encanta estar allí arriba arracimadas en sus diferentes estanterías. Pues bien, a la que intento asomarme para estirar el brazo hasta los ponederos, ellas salen volando como proyectiles hacia la salida, que es mi entrada, por encima de mi cabeza, muertas de miedo. ¡Tontas más que tontas! -les grito yo que también estoy muerta del susto y no controlo si las gallinas lo olfatean y van a venir tooodas juntas a picarme.  Y salgo de allí con los pelos de punta y sucios por algunos de sus excrementos voladores. Y cada día la misma canción. No aprendemos.

domingo, 4 de agosto de 2013

Una vida llena de luz

Para Pere e Inma con todo mi cariño





Había una vez una pequeña partícula  solar inquieta, rebelde y aventurera, que desoyendo los consejos de su extensa familia, partió a conocer el ancho mundo. La galaxia es inmensa -pensaba ella. País Vasco, Zaragoza y Madrid ya los tenía demasiado vistos, así que decidió probar fortuna en Londres. Pero allí llegó a aburrirse mucho porque apenas tenía trabajo y ella necesitaba acción y movimiento. Un día llegó a la isla de Mallorca y le encantó el lugar ya que   podía resplandecer cada jornada. Conoció a un impresionante astro aborigen que la deslumbró con su presencia. La química produjo su reacción: estallidos de colores en sus miradas y remolinos de burbujas celestes en sus roces. Comprendió inmediatamente que había encontrado su destino y se quedó a vivir en un trocito de paraíso llamado Sóller. Fruto de aquella gran explosión de energía y amor nació una estrella que les alumbró su camino. Desde entonces han pasado veinticinco años y la luz que ilumina sus vidas se ha expandido generosamente hacia  todos los que les rodean, como un auténtico torbellino de cariño, risas e ilusiones.



Deseamos seguir compartiendo junto a vosotros veinticinco años más de esta apasionante aventura llamada VIDA.







miércoles, 26 de junio de 2013

Paseo imaginario


Un miedo irracional la invadía cada vez que tomaba el metro, así que procuraba evitarlo. Aquel submundo en las entrañas de la tierra poseía una red urbana de pasadizos, galerías, pisos y niveles que constituía por sí solo otra entidad paralela a la exterior. Cualquier día se derrumbaría todo ese entramado y quedarían atrapados en él. Fantaseaba con su claustrofobia. Sin embargo hoy, la atmósfera del vagón era  diferente, como  salada y marina. Daba gusto respirar profundamente sin inspirar ese tufo tan característico de los metropolitanos. Parecía el aire de los paseos junto a la playa, sentía los pies frescos y una suave brisa allende los mares envolvió a los extrañados y curiosos pasajeros. 
Decidió aprovechar el viaje. Se quitó la ropa, los zapatos y se dedicó, sencillamente, a disfrutarlo.

domingo, 2 de junio de 2013

Un despiste imperdonable



Aquel hombre aparecía cada atardecer. Seguro que llevaba alguna copa de más, su andar zigzagueante lo delataba. Jamás levantaba la vista del suelo, se situaba frente a las vías y esperaba. A mí, como buena hacedora de cuentos, me gustaba creer que cumplía una especie de ritual o penitencia. Parecía tan desdichado…
Vendía los billetes confinada tras la ventanilla interior de la estación y desde allí divisaba la panorámica completa del andén. Mi fantasía volaba imaginando la vida de cada uno de los que pasaban junto a mí. Era mi juego favorito, el que me alejaba de la época que me había tocado vivir. Siempre les daba un final feliz, aunque la de aquel individuo se me resistía. Fantaseaba con que era  un músico de jazz arrepentido por haber abandonado a su mujer, a quien ahora aguardaba a diario, y así, mientras recomponía su imaginaria trayectoria vital, no me percaté del momento preciso en que él la finalizaba. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Sueño reparador


Se estremeció. No era consciente de que la madrugada entraba por la ventana abierta, y se arrebujó sola entre las sábanas de hilo con puntillas que su madre le había bordado. Se las llevó hasta la nariz. Le encantaba su tacto y su aroma, fresco y suave. La devolvía a las orillas de ese mar del que tan poco podía disfrutar. La espuma le curaba las heridas invisibles. Se sentía sirena y náufraga, pirata y aventurera capaz de cualquier hazaña. Sus sueños se poblaban de lances y grandes barcos de vela, mientras la ingravidez se adueñaba sin permiso de su cuerpo y las olas la acunaban. Todo era de color azul turquesa. Se iniciaba el verano.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Hogar, dulce hogar



El día en que la caravana decidió no arrancar más, se quedaron en aquel lugar para siempre. Habían llevado una vida nómada cruzando estados y pueblos de costa a costa, sin parar jamás. Vivían de la guitarra de él y de la voz de ella, conciertos para animar los locales a cambio de comida y unos pocos dólares. Pareja en la vida artística y en la realidad. Espíritus libres que habían recorrido más kilómetros de los que sus huesos podían recordar. Los ideales de la  generación beat habían  sido los suyos. Ahora, en la recta final, definitivamente merecían un descanso y con el sedentarismo -pensaban- se iniciaba el tránsito hacia una nueva vida.