Soy la encargada de dar de comer a las gallinas de mis amigos que andan de viaje por el mundo; ellos, ya que las susodichas solo viajan por el huerto. Nunca pensé cuando gustosamente me ofrecí, que semejante tarea engendraría tan alto riesgo. En cuanto entro en el corral les echo -para que se entretengan y vayan picoteando- los desperdicios que les llevo, ya que son unas grandes recicladoras, y todo les gusta, que eso sí lo tienen. Pero ellas hacen caso omiso de mis buenas intenciones y huyen despavoridas a la casita que tienen con sus cestos y sus palos para colocarse, es decir, a lo que sería el estricto gallinero-dormitorio. Allí se encuentran los sacos de pienso, la tolva que yo debo rellenar y otros útiles cuyo nombre desconozco. Y ahí empiezan mis infortunios. Excuso decir que el lugar es muy pequeño y que a ellas les encanta estar allí arriba arracimadas en sus diferentes estanterías. Pues bien, a la que intento asomarme para estirar el brazo hasta los ponederos, ellas salen volando como proyectiles hacia la salida, que es mi entrada, por encima de mi cabeza, muertas de miedo. ¡Tontas más que tontas! -les grito yo que también estoy muerta del susto y no controlo si las gallinas lo olfatean y van a venir tooodas juntas a picarme. Y salgo de allí con los pelos de punta y sucios por algunos de sus excrementos voladores. Y cada día la misma canción. No aprendemos.
domingo, 18 de agosto de 2013
domingo, 4 de agosto de 2013
Una vida llena de luz
Para Pere e Inma con todo mi cariño
Había una vez una pequeña partícula solar inquieta, rebelde y aventurera,
que desoyendo los consejos de su extensa familia, partió a conocer el ancho
mundo. La galaxia es inmensa -pensaba ella. País Vasco, Zaragoza y Madrid ya los
tenía demasiado vistos, así que decidió probar fortuna en Londres. Pero allí
llegó a aburrirse mucho porque apenas tenía trabajo y ella necesitaba acción y
movimiento. Un día llegó a la isla de Mallorca y le encantó el lugar ya
que podía resplandecer cada jornada.
Conoció a un impresionante astro aborigen que la deslumbró con su presencia. La
química produjo su reacción: estallidos de colores en sus miradas y remolinos
de burbujas celestes en sus roces.
Comprendió inmediatamente que había encontrado su destino y se quedó a vivir en un
trocito de paraíso llamado Sóller. Fruto de aquella gran explosión de energía y
amor nació una estrella que les alumbró su camino. Desde entonces han pasado veinticinco años y la luz que ilumina sus vidas se ha expandido generosamente hacia todos los que les rodean, como un auténtico
torbellino de cariño, risas e ilusiones.
miércoles, 26 de junio de 2013
Paseo imaginario
Un miedo irracional la invadía cada vez que tomaba el metro, así que procuraba evitarlo. Aquel submundo en las entrañas de la tierra poseía una red urbana de pasadizos, galerías, pisos y niveles que constituía por sí solo otra entidad paralela a la exterior. Cualquier día se derrumbaría todo ese entramado y quedarían atrapados en él. Fantaseaba con su claustrofobia. Sin embargo hoy, la atmósfera del vagón era diferente, como salada y marina. Daba gusto respirar profundamente sin inspirar ese tufo tan característico de los metropolitanos. Parecía el aire de los paseos junto a la playa, sentía los pies frescos y una suave brisa allende los mares envolvió a los extrañados y curiosos pasajeros.
Decidió aprovechar el viaje. Se quitó la ropa, los zapatos y se dedicó, sencillamente, a disfrutarlo.
domingo, 2 de junio de 2013
Un despiste imperdonable

Aquel hombre aparecía cada atardecer. Seguro que llevaba alguna copa de más, su andar zigzagueante lo delataba. Jamás levantaba la vista del suelo, se situaba frente a las vías y esperaba. A mí, como buena hacedora de cuentos, me gustaba creer que cumplía una especie de ritual o penitencia. Parecía tan desdichado…
Vendía los billetes confinada tras la ventanilla interior de la estación y desde allí divisaba la panorámica completa del andén. Mi fantasía volaba imaginando la vida de cada uno de los que pasaban junto a mí. Era mi juego favorito, el que me alejaba de la época que me había tocado vivir. Siempre les daba un final feliz, aunque la de aquel individuo se me resistía. Fantaseaba con que era un músico de jazz arrepentido por haber abandonado a su mujer, a quien ahora aguardaba a diario, y así, mientras recomponía su imaginaria trayectoria vital, no me percaté del momento preciso en que él la finalizaba.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Sueño reparador
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miércoles, 15 de mayo de 2013
Hogar, dulce hogar
El día en que la caravana decidió no arrancar más, se quedaron en aquel lugar para siempre. Habían llevado una vida nómada cruzando estados y pueblos de costa a costa, sin parar jamás. Vivían de la guitarra de él y de la voz de ella, conciertos para animar los locales a cambio de comida y unos pocos dólares. Pareja en la vida artística y en la realidad. Espíritus libres que habían recorrido más kilómetros de los que sus huesos podían recordar. Los ideales de la generación beat habían sido los suyos. Ahora, en la recta final, definitivamente merecían un descanso y con el sedentarismo -pensaban- se iniciaba el tránsito hacia una nueva vida.
jueves, 25 de abril de 2013
UNA VIDA, un viaje
Ya había alcanzado esa edad en la que nadie se fijaba en ella y se sentía transparente. La vio en un escaparate, iluminada desde su interior. Su color oro pálido y resplandeciente al mismo tiempo, le evocaban las arenas del desierto. La compró y la instaló en su mesa de trabajo, junto a los recuerdos más queridos. El azul de los océanos la transportaba a viajes surcados por embarcaciones a vela y mares llenos de aventuras. Rodaba la bola y su dedo índice se desplazaba por lugares remotos. Ahora sí empezaban de verdad sus sueños en solitario.
sábado, 23 de marzo de 2013
Tópicos no tan literarios
PAULA IACOB
Las personas eran felices, y no era un cuadro ni un sueño. Cultivaban sus huertos e intercambiaban los productos para poder vivir sin preocupaciones. Las lunas, el sol, los cambios de estación y las cosechas eran las leyes naturales que regían su visión del mundo. Cocinaban, tejían, escribían cuentos y los narraban, tocaban instrumentos musicales y bailaban y cantaban al son de sus melodías. Trocaban los excedentes de producción y no tenían ninguna preocupación monetaria, dado que no hacían uso del vil metal. Habían conseguido vivir bajo el viejo tópico del locus amoenus y encuadrar su existencia bajo sencillas reglas pastoriles y bucólicas, respetadas por toda la comunidad. Aquello que los clásicos preconizaban como ideal, era tan real como la vida misma. Se trataba de creer que otro mundo era posible y allí, en aquel lugar sin bancos, salarios ni capitales, todos lo creían y lo disfrutaban. Vivían contentos y gozosos.
viernes, 15 de marzo de 2013
Mujeres soñadoras, sobre fotos de Elena Vizerskaya
Harta de que no la dejaran gozar desnuda en la
naturaleza, cogió un trozo de prado verde y se hizo con él un vestido. Su
cuerpo olía a frescor matutino. Los pájaros, el cielo y el aroma de las plantas silvestres seguirían haciéndole compañía, mudos y omnipresentes. El viento era un susurro de chal transparente.
Un sinnúmero de manos la rodeaban y acariciaban. Pensaba que todo era un gran sueño y, por si acaso, ni se movía ni respiraba, para que no se desvanecieran las múltiples sensaciones placenteras con el despertar. Las manos bromeaban con su cuerpo convirtiéndolo en estatua o en ave de grandes alas. Eran manos amigas, que la apoyaban y mimaban como si su único objetivo fuera hacerla gozar.
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