martes, 6 de noviembre de 2012

Las alberquillas: Un trocito del paraíso



La casa de mis amigos es una atalaya, rodeada de bosques de robles, en las estribaciones de los Montes de Toledo. Llegar aquí  y respirar alegría, cordialidad y amistad, y sentirte mejor que en tu propia casa, es todo uno. El mágico Piélago y las monumentales rocas graníticas observan a sus moradores desde una situación privilegiada.
En su interior se han rodeado de todo lo que más quieren,  pasado y presente; un auténtico y cálido hogar repleto de recuerdos y de historia. En cualquier sitio donde se pierda la vista encontrarás una nota de color, un trabajo o cualquier otro motivo al que han dedicado horas y esfuerzo. 
Pero lo mejor de ella son sus dueños, que comparten todo lo suyo haciéndote sentir feliz de inmediato. Dejarás tu huella formando parte de ellos, mientras dure tu estancia, y querrás volver antes de lo  imaginable  porque ellos formarán parte de ti, de tu corazón y de ese pedacito de felicidad terrenal que se llama amistad. 

domingo, 21 de octubre de 2012

Luces


Los farolillos de papel iluminaban las oscuras entradas de calles y casas con una multitud de luciérnagas en su interior.  Ada lo llevaba entre sus manos para que nadie tropezara con ella. Se asomó como cada noche al camastro donde su padre estaba echado. Le preguntó si necesitaba algo y cómo se encontraba. Él siempre le contestaba que nada, no obstante le ahuecó el lecho y le calentó la sopa. Lo dejó dormido apaciblemente hasta una nueva mañana, se despidió de él y regresó a su casa. Por el camino, miró al cielo y apagó el farol, las brillantes estrellas la guiaban. 

sábado, 20 de octubre de 2012

Nuestro mar



Día de otoño frente al mar, lluvia, playa de San Juan, larga, desierta a estas horas matineras y hoy, gris. Paseo solitaria bajo el paraguas y pienso que esta es mi orilla, la de mi infancia, que aquí está mi lugar, aunque también en la otra más plácida donde habito. Entre ambas el mismo mar, cuya fuerza resuena con un ruido estremecedor y ancestral. Recuerdos de cuando nada era  así y mi padre plantaba la sombrilla en la arena el diecinueve de marzo hasta nueva orden. Los niños buscábamos regaliz de palo entre los matorrales. Aún no había llegado la colonización urbanística. Con nuestros bañadores de gomitas y burbujas, que el mar se encargaba de desgastar, nosotras; y ellos con sus meybas grandes y piernas de palos, éramos piratas y exploradores, pocas veces princesas. Al llegar el verano y el calor, recogíamos nuestros pertrechos y abandonábamos nuestro mar. Recalábamos en la Aitana en busca de días más frescos a la sombra de las montañas. Noches de tertulias vecinales con las sillas a las puertas de las casas, para los mayores. Nosotros, vivíamos en un sin parar: bajábamos al pantano a recoger ranas y juncos para flechas, trepábamos a los árboles, baños en balsas y moratones en las rodillas, paseos en burro y meriendas entre pinares y fuentes. A lo lejos, desde las cimas, lo veíamos siempre azul y sabíamos que nos aguardaba.

lunes, 1 de octubre de 2012

Un pedazo de cielo desde la ventana


Las nubes de formas caprichosas pasan veloces, empujadas por el viento. Es tiempo de tormentas.
-¡Mamá!, mira esa nube tan bonita, es una familia de cachorros.
-Sí, hijo, sí.
-Y por allí va la Reina de los mares, la del cuento. ¿La ves?
-Claro que sí, cariño. La veo con su largo traje blanco de espuma de algodón, es muy bella.
-¿Y por qué no nos montamos en aquel barco tan grande que llega y nos vamos a buscar a papá? Ya no me acuerdo de su cara.
-Él no está en ese cielo, mi amor, no lo encontraríamos.
Los recuerdos descienden y se agolpan en ondas de lágrimas que resbalan por su cara.  Se las ha de tragar. La diversión de contemplar juntos el firmamento por un rato se acaba cuando la tormenta cierra, de un golpe, la ventana.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Un ramillete de muguet

                                                                                                                                                   Robert Doisneau
Cada tarde pasaba a mi lado a la misma hora, se dirigía hacia Saint Sulpice, línea seis, siempre seria y triste. Parecía la mujer más apenada del mundo. Jamás la vi sonreír; por eso aquel día tomé un ramillete de la pequeña floristería donde trabajaba y salí tras ella, sin pensármelo dos veces. Se sorprendió cuando me acerqué al banco donde aguardaba y se lo ofrecí, negaba rotundamente con la cabeza, al final lo tomó entre sus manos. Un ligero atisbo de sonrisa me transformó en el hombre más feliz del universo. Ahora ya sé que estudiaré húngaro con todas mis fuerzas.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Las perversas


                                                
Mi querida amiga Eva cultiva la paciencia, los tomates y ciruelas, los membrillos y cebollas, las judías tiernas y patatas, el equilibrio de las energías corporales y la sabiduría china. Si no están en su sitio, ella las coloca en su lugar mediante los puntos de acupuntura y los masajes. No acepta que las energías perversas te despeinen y que te dejes llevar incauta por ellas. Es muy voluntariosa. Te pones en sus manos y la dieta y el equilibrio emocional están asegurados. Confías plenamente y la dejas hacer. Combatirá como una auténtica guerrera contra fríos, vientos y  fuegos que consuman tus órganos. Vencerá y saldrá victoriosa; tú  respirarás, de nuevo, más tranquila.

martes, 18 de septiembre de 2012

Otros ojos


Para Pepe, el mejor óptico.





Me gusta colocarme las gafas de sol polarizadas que le compré a Pepe, fue la mejor decisión.  A través de sus mágicos cristales observo el mundo con colores de fiesta perpetua. Cuando me asaltan las ganas de llorar, me las sitúo sobre mi nariz y respiro tranquila. Todo se ubica en su lugar. Si no las tengo cerca, me suelo poner nerviosa, porque las noticias del día a día nunca mejoran. Mi dependencia ha llegado a tal extremo, que voy al trabajo con ellas puestas, como si tuviera algún problema grave. Me preguntan y contesto que sí a todo, me da igual. Desconocen que escondida tras ellas, vivo en otro mundo mejor, el de las maravillas, donde todo es posible todavía. 


Una buena cocinera




Siempre me ha gustado entretenerme en roer los huesecillos del plato, pero lo que hoy tenía entre manos no me dejaba tiempo  para solaz disfrute de mis sentidos.  Empecé por la carne prieta de tus muslos asados, jugosos y tiernos, no los quise compartir con nadie. El resto lo congelé para pasar el invierno cerca de ti e ir comiéndote poco a poco. Alma no encontré, su espacio estaba vacío, tampoco hubiera sabido cómo cocinarla; así que dispuse tu corazón traicionero en un recipiente aparte, y lo guisé a fuego lento y suave, como querría que te hubieras comportado conmigo, amoroso y blandito. Le di un toque final de hierbas aromáticas del jardín, para perfumarte en mi recuerdo y que el desamor y la infelicidad se evaporaran y no dejaran un regusto amargo en mi cocina luminosa y tranquila.

lunes, 17 de septiembre de 2012

SIN NADA




Dicen que la poesía es el vehículo para expresar los sentimientos. Yo no dispongo de ninguno. Me has dejado inválida y muda. Parece que tras aquellos árboles estuviera el mar. No puedo llegar, no tengo fuerza. Lo he perdido todo: mi empuje, la thymós y el aliento vital.