Locos y locas, sobre todo enajenadas, es que aquí ya no hay quién se aclare: que si una escurre el bulto y se va a Puerto Vallarta y se queda tan ancha, la otra teje que te teje el maldito mantón a todas horas, alguna enfrascada en el terror día y noche, sin descanso, la otra depresiva es poco, el otro con la coliflor dale que te pego, algunas tan vagoncias que ni te cuento, las leonesas que no aparecen, de masajes y en la pelu, todo el rato poniéndose guapas, las que menos como perros en celo, totalmente obsesas, otras alcohólicas perdidas y con ganas de perderse. Los bosques nos reclaman, y ¡hala! Hadas y haditas, raíces y Ents, y todas para allá, así ni grupo ni nada, cada uno a su bola y no podemos centrarnos, ni inspirarnos ni aprender ¡Un auténtico caos VE.! Ya mismo me borro.
sábado, 14 de enero de 2012
jueves, 12 de enero de 2012
Solo ella
Se decidió sin meditarlo demasiado, como se hacen a veces algunas cosas que después se revelan como verdaderamente importantes. Por impulsos. Solo pensó en ella, cogió los ahorros de los últimos años y los invirtió en un crucero por las islas griegas durante las navidades, sin dar mayores explicaciones a nadie. Por fin vería cumplido su sueño. Nunca hubiera imaginado que su vida iba a sufrir semejante transformación, como ya presagiaba el nombre del crucero: "libertad en el mar".
martes, 10 de enero de 2012
lunes, 9 de enero de 2012
Estaban contadas!!
El padre se atusó la sotana y con gesto rabioso y voz colérica culminó su perorata diciendo:
-Y no intentes escabullirte que no te va a servir de nada.
-No lo volveré a hacer, padre ¡lo juro, por dios¡ -musitaba sin levantar la vista del suelo.
El niño, sin atreverse a mirarlo, meditaba su castigo. Era un muerto de hambre que había tenido la ocurrencia de comerse, en un descuido, una de las hostias que celosamente guardaba el cura en la sacristía.
Toda la semana sin recreo, de rodillas y brazos en cruz. Pero lo peor para él no era no poder salir al patio, sino no recoger el panecillo de media mañana, el que les daban para que pudieran seguir en pie hasta la hora de la comida.
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Estilo indirecto
El padre me dijo atravesándome con su mirada que no intentara escabullirme porque no me iba a servir de nada. Estaba muy rabioso. Yo me preguntaba, desde la inocencia de mis nueve años, cómo habría podido leerme el pensamiento si no lo estaba mirando. Ese había sido su veredicto, castigarme sin recreo, durante toda una semana por haberme comido la grande, la intocable, la de la consagración. Claro, yo tenía mucha hambre y me entraron unas ganas locas. Las tenía guardadas en una cajita. Pensé que no se enteraría, ¡qué tonto!… Una semana sin patio, significaba, además, no poder pasar por la cocina a recoger el panecillo de media mañana que nos mantenía en pie hasta la hora de la comida.
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Indirecto libre (sin verbos de decir)
El padre estaba tan rabioso que el pequeño no se atrevía a levantar la mirada del suelo. Y no intentes escabullirte porque no te va a servir de nada. “Pasaba tanta hambre. ¿Cómo se le había ocurrido? Era un muerto de inanición en aquel internado de posguerra, un pobre diablo vencido, no podría aguantar una semana sin devorar el panecillo del recreo, castigado sin patio, de rodillas y con los brazos en cruz. Se moriría y todo por su afán y glotonería, haberse comido aquella hostia grande y blanca, de las que estaban guardadas en una cajita en la sacristía, le traería consecuencias irreparables. No, jamás volvería a realizar semejante tontería. Igual le echaban.”
domingo, 8 de enero de 2012
Por qué me mira así
-¿Por qué me
mira así? -se preguntaba María
cogiendo el retrato de su difunto
marido en la mano y dándole la vuelta.
Parece como si todo el día me observara. Fernando quedó de espaldas al salón.
¿Y qué si lo hice? Sabías que no te quedaba mucho tiempo y no quería que sufrieras más. Pequeñas dosis de cianuro, que no dejan huella, disueltas en tu medicación. Sí, ya sé que no te dije nada, ni tú tampoco me lo pediste. No hacían falta las palabras.
¿Y qué si lo hice? Sabías que no te quedaba mucho tiempo y no quería que sufrieras más. Pequeñas dosis de cianuro, que no dejan huella, disueltas en tu medicación. Sí, ya sé que no te dije nada, ni tú tampoco me lo pediste. No hacían falta las palabras.
Unas
lágrimas resbalaban por su rostro mientras giraba la fotografía de nuevo.
Ser feliz con muy poco
Sus hijos pensaban que estaba mal de la cabeza. Que poseía el
síndrome de Diógenes. No se lo consentían, pero a él no le importaban sus
exabruptos.
Coleccionaba pequeños objetos que la gente perdía por las
calles, con especial predilección por las gomas elásticas. Era como un
imán que las atraía: gomas de pelo, coleteros, cierres de colores y de rayas,
sujetapapeles, botones… Siempre que viajaba, encontraba esas cosas sin valor,
se agachaba y las recogía con una sonrisa, como si estuvieran esperándole. Los
recuerdos de sus viajes se ceñían a esas pequeñas naderías, que iba encontrando
por los lugares donde pasaba.
Con los desechos que el mar arrojaba a la playa, tras una fuerte resaca,
hacía una interesante selección que le llevaba días y confeccionaba móviles con
ramas secas de árboles y formas retorcidas de metal o de cerámica pulida por la
erosión.
Otras veces eran zapatitos perdidos de bebés o gorras o
sombrillas. Cuando no se daba cuenta, sus hijos le tiraban todos sus tesoros a la basura. Y empezaba de nuevo incansable…
viernes, 6 de enero de 2012
Monólogo interior
“No me va a dar tiempo, no acabaré para la boda y mira que me comprometí yo sola, por bocazas me pasa, pero es pesadísimo bordar tantas flores en este tejido tan fino y con las puntadas tan pequeñas, claro que es divino y es mi mejor amiga y el mantón quedará precioso sobre sus cabellos dorados, se lo merece todo, esto y más. Y no el panolis con el que se casa, ya lo decía la tía Edelvina, no te fíes, no te fíes y ahora una criatura, si es que somos tontas de remate, nos dejamos embaucar por el primer hombre apuesto que pasa y nos lían y ya se sabe. Que no se me olvide acercarme al colmado a por tomates que no quedan para la ensalada y con tanto bordado se me va el santo al cielo, pero ¿qué es eso? si ya están dando las doce en el campanario, se me ha pasado la mañana volando, está claro que no me va a dar tiempo.”
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"Cómo son los recuerdos, tantos veranos presumiendo de chal y tan suave la sensación del roce con mi piel. Me lo trajo la tía Edelvina de Cuba, qué cosas tan bonitas traía de sus viajes, siempre me gustaban, pero especialmente este chal que atesora mis más preciados momentos. Pájaros, flores, bordados con hilos de seda y parece que no haya pasado el tiempo por ellos, como se hacían las cosas antes, hay que ver, con sabiduría y buen gusto, para que duraran y te acompañaran toda una vida"
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"Cómo son los recuerdos, tantos veranos presumiendo de chal y tan suave la sensación del roce con mi piel. Me lo trajo la tía Edelvina de Cuba, qué cosas tan bonitas traía de sus viajes, siempre me gustaban, pero especialmente este chal que atesora mis más preciados momentos. Pájaros, flores, bordados con hilos de seda y parece que no haya pasado el tiempo por ellos, como se hacían las cosas antes, hay que ver, con sabiduría y buen gusto, para que duraran y te acompañaran toda una vida"
En el país de Nunca Jamás (Para Geli)
El gato había ocupado su sillón preferido, el orejero, y Geli
no tenía ganas de discutir con él, lo echó hacia un lado y compartieron acomodo
durante un rato. La charla casual con un amigo psiquiatra la había acabado contrariando.
Si se lo pasaba bien con Julieta ¿por qué tenía que hacerla desaparecer de su
vida? Ese metomentodo no tenía ni idea de nada. ¡Bastantes rutinas poseía ya la
vida, como para querer permanecer en ella sin fantasía!
Desde la cocina una llamada la sacó de sus divagaciones:
-¡Querida, ya está lista la cena, ven rápido, que hoy nos
toca sesión de escritura para los amigos de VE!
Julieta, que sabía hacer de todo, era su compañera perfecta,
la cuidaba y le ofrecía argumentos para sus relatos. Lo tenía claro, desoiría
los consejos de su entrometido amigo, pero no abandonaría jamás su constante fuente
de inspiración.
Nuestra hada madrina
Esto era un hada con una varita que le proporcionaba el don
de la escritura y no solo ese, sino todos sus demás deseos se veían siempre
satisfechos. Con gran dominio de las nuevas tecnologías se dijo:
-Crearé un lugar de encuentro de amantes de la narrativa-, e
inmediatamente lo conseguía. Otro día hizo lo mismo con la gran olvidada: la
poesía.
No contenta con ambas, extendió sus redes a sus otras dos pasiones,
la lectura y el cine. El celuloide y las páginas de papel, en definitiva, contaban
historias que era lo que a ella le gustaba. La transportaban a otros escenarios
y a infinitas vidas que podía vivir sin moverse de su espacio.
Un día se le rompió la varita en un descuido imperdonable.
Entonces comprendió que la magia no estaba en aquel complemento, meramente
decorativo, sino en ella misma: la
fuerza y el poder de seducción de su palabra.
Filandonas
Me gusta imaginaros en el cuadro del siglo XIX alrededor del
fuego, hilando y narrando historias, como los hilos que vuestras manos sin
descanso tejen. Os recreo como hadas inspiradoras del arte de fabular o como
trovadoras de canciones y romances. Hechizáis a vuestros oyentes con la magia de vuestras palabras, mientras ofrecéis
licores perfumados de hierbas, elaborados con arte en vuestras cocinas, a las
gargantas difíciles de satisfacer. Os demandan cuentos y más relatos para
engañar el transcurso del tiempo. Pasa la noche como un suspiro, llega la
mañana y ahí seguís, cual genuinas hechiceras, venidas de lugares remotos, para
maravillar a la audiencia con vuestras fantásticas leyendas.
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