martes, 19 de enero de 2021

Paisajes





Me asomo a la ventana. 

Estoy triste, desanimada, 

y miro por ella. 

Sin darme cuenta, 

empieza la magia. 

La cocina se llena 

de aromas de naranja y limón. 

Oigo el rumor del agua 

que salta por las piedras del  cauce: 

son los torrentes.

Escucho el trino de los pájaros

que, de árbol en árbol, 

entra por ella. 

Mis ojos tropiezan 

y se quedan secuestrados

en lo alto de la montaña. 

Como un gran águila vuelan

y sobrevuelan esas historias funestas,

cotidianas, de constantes desvelos. 

Me embeleso. 

Fantaseo y sueño.

La naturaleza me abraza.

Ya  he olvidado la comida 

que tengo en el fuego. 

Y respiro feliz de saberme 

tan cándida y despistada. 

¡Qué gran suerte tengo

 con esta ventana!

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